El infierno existe

1 May, 2010 (07:23) | Xanfarin.com | By Xan

El infierno es un autobús. Recorre la línea Vientiane-Luang Prabang.

En mi último viaje a Laos pasé 8 horas en un volquete viajando de Luang Namtha a Luang Prabang. Caían cubos de agua helada de los cielos y en el camión estábamos 15 personas sentadas en el suelo apiladas unas contra otras. Dos de ellas discutiendo el precio del contenido de un saco con restos de sangre que resultó ser un perro recién muerto que iba a ser vendido al mercado. Costó un reloj de pulsera si no me falla la memoria. Ése viaje tuvo su encanto.

Ayer fue sencillamente horrible.

La teoría: 8 horas en un autobus Lao que se supone tenía baño, aire acondicionado y caballos de sobre para subir cuestas (=”VIP”).

La realidad:

- el aire acondicionado era aire Gélido que apestaba a moho. Ese característico olor a coducto de ventilación obstruído por una civilización extraterrestre de cosas húmedas que seguro se alimentan de pulmones humanos.

- no sé si había baño o no. Cuando empezaron a poner taburetes de plástico en el pasillo y empezó a montarse más gente en el bus -una vez los asientos normales estuvieron 100% ocupados- dio igual: era ya imposible moverse.

- cuando la gente reclinó los asientos al máximo -la pareja de gabachos de delante sin avisar- los asientes se convirtieron en ataudes. Era imposible moverse.

Nada más salir empezó todo.

Las partes bajas del autobús estaban llenas de mosquitos hambrientos a los que sólo podías mirar mal mientras devoraban tus tobillos/ piernas. Tuvieron 11 horas de all-you-can-eat de ‘farang’.

El aire acondicionado salía por todos lados; fue inútil meter la cortina en los conductos aunque ayudó a minimizar la potencia de las luces de posición.

Mi compañero de viaje puntual era un gordo vietnamita -de Hanoi- de excursión con seis amigos -día del trabajador-. Casi vomito sólo escuchando cómo comía. Creo que he desarrollado ecolocalización o al menos la habilidad de imaginar hiperrealistamente la manera asquerosa de comer de alguien por los sonidos al desgarrar con los dientes, masticar con la bocaza abierta, hablar con la bocaza llena, deglutir, atragantarse, medio vomitar en un gorro, etc. etc. Nauseabundo.

A éso de las 2AM el conductor se estaba quedando dormido así que en su cabina empezaron un karaoke. Cinco personas berreando a grito pelado canciones populares Lao. Basicamente una base de organillo gitano con sampleados, chunda chunda y berridos monosilábicos. CINCO horas de karaoke.

A las 5:30 subieron el volumen para asegurarse de despertar a todo el mundo… y no lo bajaron hasta que llegamos a las 7AM.

En serio: parecía que había sido abducido y estaba en una celda de castigo móvil de la CIA.

Sin música ni aire acondicionado el viaje hubiese sido duro: ésto es Laos y te lo esperas. La mezcla fue explosiva.

Además, como no podía dormir me dedique a contemplar cómo conducía nuestro chofer -un chavalín de unos 19 años-. Craso error. No sólo puede ver cómo lo hacía él -modo suicida /on- sino cómo lo hacían todos los demás que nos íbamos cruzando… Repito: esto es Laos, a un lado de la carretera tienes paredes de roca/ árboles muy duros y al otro precipicios que suelen acabar en río.

Estoy alojado en la mism guesthouse que la última vez. La cama sigue siendo de 2×2. El precio no ha cambiado ni un kip en todos estos años. 5,5€ por noche por una habitación doble con vista al rio.

Desayuno a base de café lao mientras esperas y tortilla ‘open face’ de vegetales con bagette recién hecha, fruta y té verde. Todo ello mientras las mujeres Lao despertaban la ciudad.

Mola.