¡Tengo casa!
He sido “adoptado” por la familia de la guest-house en la que resido.
El sitio es perfecto: céntrico, muy limpio, habitación individual con baño (ducha de agua caliente o ‘sistema de cazos’ y retrete occidental con manguera-bidé), balconada preciosa (desde la que escribo ahora mismo) y lo mejor de todo: WiFi, muy lenta -10kb/s de descarga-, pero el mero hecho de tenerla es un lujo.
De hecho, por primera vez en siete años tengo televisón… canales chinos, thais, lao, noticas y películas.
Ventilador, electricidad estable (en mi última visita sólo había electricidad de 18 a 22h. y los picos de tensión eran asesinos electrónicos en potencia) y servicio de habitaciones al gusto: hemos quedado en que mi habitación es como un ‘apartamento’ pero que cuando me apetezca ponga un cartel en la puerta o avise y ‘mamasan’ pasa a hacerme la habitación.
La guest-house (no es hotel por el número de habitaciones) ofrece a todos los invitados -entre las 7 y las 12- café o té, pastas y platanos. Agua y plátanos son parte de la hospitalidad tradicional lao: si no te ofrecen agua, o son muy maleducados o no eres bienvenido.
La habitación es casi como mi habitación sueca, sólo que con una cama de 2×2 y sábanas blancas impolutas. Es muy agradable tener sábanas estilo ‘amona’ (secadas al sol y oliendo a hierbas aromáticas).
Me han invitado a usar su cocina, lo que significa comer con ellos.
La cantidad de información que puedes obtener en una cocina Lao es cuasi ilimitada: las mujeres, como en casi cualquier cultura, lo saben todo sobre todo y sobre todos. En las culturas asiáticas está afirmación es casi una ley: si puedes comunicarte con las mujeres, la mitad del trabajo está resuelto.
El acceso a la cocina es importante: está vinculado a las compras en el mercado de la mañana y a la etiqueta en la mesa.
Laos -el Sudeste asiático en general- está determinado por las relaciones familiares (padre-hijo, marido-mujer, hermano mayor-hermano menor, etc.), la edad, clase social, etc. Son marcadores que indican desde cuanto te inclinas al saludar a qué partículas -o registro- incluyes en tu lenguaje.
En mi caso, como ‘farang’ juego en otra liga y el mero hecho de saber unas palabras básicas ya se considera encomiable: significa que no eres tan arrogante como el resto y que te has tomado la molestia de ‘cultivarte’ minimamente.
Estoy muy contento. Tener “casa” mola muchísimo. Tener una “familia” mola aún más.
