Sobre Tony Jaa, Muay Thai y budismo
En la región de Laos en la que vivo -noroeste- sólo hay artes marciales en las películas.
Más de medio siglo de colonialismo, varias guerras y 35 años años de comunismo han dejado como resultado un país culturalmente arruinado que tiene a Tailandia como referente cultural.
El llamado Muay Lao, hermano ‘siamés’ del Muay Thai y heredero directo del Muay Boran, “boxeo” (en sánscrito) “antiguo” (en thai), sólo se practica -hasta donde yo sé- a las afueras de la capital, Vientiane (los combates son en el National Muay Lao Stadium) y algunas provincias aledañas.
El Muay Boran, arcáica lucha sin armas (~”boxeo libre”) a veces llamada la ciencia de las nueve armas (‘nawa awut’) por el número de partes del cuerpo usadas en el ataque/defensa, fue parte del entrenamiento militar durante la época de explendor -hace cientos de años- de Ayutthaya y Sukkothai en lo que hoy es Tailandia.

Tony Jaa en su rol de luchador Muay Thai
Paradójicamente los monjes budistas atesoraban las artes marciales (de la misma forma que atesoraban cualquier brizna de conocimiento práctico y/o espiritual) y dado que todo hombre debía convertirse en algún momento de su vida en monje (en Tailandia pasar un(os) mes(es) en un monasterio budista es un rito de pasaje habitual para los jóvenes Thai) aprender boxeo en los monasterios era algo normal, de hecho, la autodefensa se consideraba un conocimiento básico.
Los combates ‘amigables’ en los monasterios entre estudiantes atraían numeroso público… y apuestas. Eran una forma de mantener a los estudiantes en forma y ocupados y de canalizar la acumulación de hormonas adolescentes.
En la era dorada de Ayutthaya nació el ‘Muay Luang’: los mejores luchadores fueron invitados a las ciudades para enseñar a reyes, príncipes y elite militar. Se creo una fuerza especial, el Regimiento de los Luchadores Muay (‘Grom Nak Muay’) y se dice que Phra Chao Seua, el “Rey Tigre”, adepto a este arte marcial, se disfrazaba para poder competir en los monasterios y mejorar así sus habilidades.
La era colonial significó la decadencia del Muay Boran: los franceses veían el “deporte” demasiado brutal y sangriento. Se introdujeron guantes de bóxeo, cuadriláteros, tiempos y normas estrictas… muchos golpes y estrategias eran impracticables (o demasiado demoledoras) bajo estas condiciones y se popularizaron versiones domesticadas: el Muay Thai y el Muay Lao.
Cada país del Sudeste Asiático tiene su propia forma de combate sin armas, todas muy efectivas y hasta cierto punto similares por su origen común y/o intercambios culturales. Junto a los dos citados están el pradal serey de Camboya (probablemente en su forma arcaica -bokator- el “original”), el tomoi de Malasia y lethwei de Myammar. La influencia de las antiguas artes marciales de la India yde China está presente en todas ellas.
El Muay Thai no es la mejor per se, pero es la que las películas y el dinero tailandés -apuestas/combates- han hecho más famosa.
Tony Jaa es probablemente el mejor artista marcial actual, tanto por técnica y desarrollo físico (no-hormonado) como por la espectacularidad en sus coreografías. Sus únicos defectos incluyen creencias religiosas cuestionables (que comparte con muchos otros luchadores Muay Thai: magias simpática y “negra”) y su voz de niña cuando habla inglés (o Thai; su voz de niña, punto).
Junto con el director Panna Rittikrai “resucitó” el Muay Boran a partir de viejos manuscritos, algún maestro perdido en Isan que conservaba ténicas centenarias (y algún homenaje al ‘bokator’ jemer), y lo llevó al cine en una serie de espectaculares películas de acción (véanse Ong-Bak I, II y la no tan buena III).
A finales del pasado mayo, Tony Jaa se montó en un elefante y se fue con él al monasterio budista de Surin, Tailandia, donde fue aceptado: se le cortó el pelo, tomó votos y fue ordenado monje budista.
En efecto: se subió a un elefante y se marchó montado en él al monasterio. 100% kick-ass.
Allí permanecerá un tiempo indeterminado.
“Meterse a monje”, en Tailandia, tiene muchas lecturas. Desde lo que en Occidente funcionaría como campamentos de verano para niños bien o cursos de verano para gente sin recursos, a vacaciones para turistas “buscándose” o el inicio de auténticas vocaciones religiosas.
En el caso de Tony Jaa los motivos son variados: tiene un contrato de 10 años en exclusividad con su productor (que Tony Jaa no quiere cumplir), acabó destrozado emocionalmente tras su última película (además de sacrificar pollos antes de los rodajes se escapó dos meses a Camboya a estudiar rituales “secreto-místicos” con los que “mejorar” sus artes marciales… para su ignominia, todo fue portada de revistas) y su imagen pública está muy dañada tras el desastre en taquilla de Ong-Bak III.
Esta nueva etapa podría verse como una mezcla entre Vacaciones existenciales que le liberan temporalmente de las cláusulas del contrato de exclusividad y una ducha kármika que asegura que siendo monje budista nadie osará publicar más basura en los mass media de Tailandia.
En Surin quizá pueda “re-encontrarse” y siguiendo la antigua tradición del Muay Boran aprender y mejorar mientras crece espiritualmente…
No estaría mal que crease nuevas coreografías y desarrollase su faceta interpretativa; y que hiciese gárgaras con arena y güisqui de arroz cada mañana para ‘curarse’ la voz de niña.
Tony Jaa tenía el potencial de convertirse en el Bruce Lee del s.XXI revolucionando el cine de artes marciales. Al final, sacrificar pollos al amanecer y tatuarse animales totémicos por el cuerpo para alcanzar tus metas no va a ser tan efectivo como algunos parecen creer.
Si alguien tiene curiosidad, todo varón puede pedir ser aceptado en un monasterio budista en Tailandia; la estancia, en principio, es gratuita. De hecho, será fácil encontrar gente dispuesta a sufragar la ordenación de un ‘farang’ (o sumarse a la ordenación de otros): éso aporta mucho buen karma al esponsor. Gasto cero, una experiencia única y quizá lecciones privadas de Muay Thai por Tony Jaa… un plan de veraneo inmejorable.
