“Freier”, entendiendo a muchos turistas de Israel

24 June, 2010 (10:56) | Xanfarin.com | By Xan

“Freier” (a veces escrito como “freir” or “frayer”) es Yiddish y significa algo así como “tonto aprovechado por todos“. Lo que coloquialmente viene a ser un “pringao“, pero con una carga social -e histórica- mayor: el ominoso “Arbeit macht frei” de los campos de concentración nazis contiene el “frei” de “freier” y la base de la mentalidad tras el término, esto es, no permitir que nunca nadie se aproveche de ti. No volver a ser el “perdedor”, el “pringao”; a cualquier precio.

Un “Freier” es sumiso, es alguien que se mueve según las normas incluso cuando las normas le perjudican injustamente. Es alguien que no recibe nada a cambio de sus buenas acciones, un altruista que no sólo no recibe un ‘gracias’ sino que parece ‘tonto’/'blando’/'ordeñable’. Es la parte que es “engañada” en por no regatear -o hacerlo mal- en el mercado. El que paga más en los bares, taxis o tiendas por ser turista.

“Freier” es el recluta que cuando recibe la orden de correr mientras hace el servicio militar obligatorio pregunta a su mando “she’elat kitbag”, “¿con macuto o sin macuto?”. Quien te cede el paso educadamente en el autobús y luego tiene que viajar de pie cinco horas porque no quedan asientos libres.

En otras culturas un ‘Freier’ es sencillamente una buena persona, para los israelíes es sinónimo de memo. El concepto “Freier” afecta desde las interacciones personales a la política internacional.

En mi caso es algo que vivo casi a diario en Laos, y antes lo he vivido viajando por todos los países del Sudeste Asiático, así que me permito el lujo de generalizar.

Caso concreto: mochileros de Israel de paso por Laos que no quieren ser “Freier”, la parte “blanda” en la interacción social, y que por exceso se comportan como auténticos cretinos.

Los mochileros israelíes son famosos en todo Asia y en muchas otras regiones del mundo: viajan mucho y durante mucho tiempo, generalmente por libre.

Las “ovejas negras” suelen estar vinculadas casi siempre a un mismo grupo: tras el servicio militar obligatorio muchos jóvenes de Israel se van de viaje cargados con sus mochilas una larga temporada. Muchos participan en una especie de competición en la que gana quien logra viajar más -más lejos, más tiempo, más ‘guay’- con el dinero acumulado durante el servicio militar.

La racanería -’maxiahorro’- implícita a esta competición unida a los modales, actitudes vitales, excesos y carencias tras dos o tres años (mujeres/ hombres) en el ejército son responsables en gran medida de la imagen negativa de los mochileros de Israel.

Hay otros elementos:
En Israel hay una base cultural para el regateo agresivo, se discute hasta el último ‘agorot’. Cualquier excusa es buena para conseguir un precio ventajoso. En Asia también, pero siempre con una sonrisa y no se intenta aburrir, insultar ni “humillar al contrario”, aquí es una mezcla entre pasatiempo y transacción comercial en la que se espera un beneficio legítimo para las dos partes y a larga, crear una relación. El regateo es una forma de iniciar amistades y muchas veces se “pierde” dinero a cambio de mejorar éstas. El regateo israelí en el Sudeste Asiático es como el caballo de Atila para las relaciones sociales.

Son bastante directos y dicen lo que piensan sin demasiados “filtros sociales”.  En un país donde mantener la calma y la sonrisa es la norma (al menos en la teoría) sus modales son percibidos como barbáricos y su trato como arrogante o sencillamente carente de formas y respeto.

Jamás dejan propinas y son increíblemente exigentes con el servicio, lo que crea un cócktel bastante indigesto para los nacionales de los países por los que transitan.

Es posible encontrar carteles en guest-houses y restaurantes donde se declara que la presencia de esta nacionalidad (de nuevo, nada que ver con religión) no es bienvenida. Mis ojos han visto al menos media docena en Tailandia y los dueños del restaurante donde suelo comer y/o cenar en mi ciudad en Laos se plantean ahora mismo poner uno tras demasiados problemas, desde vejaciones al personal (son una familia al completo regentando sus negocios) a gente que se marcha sin pagar por consumiciones, lavandería, etc. Historias increíbles que se repiten una y otra vez, muchas veces ante mis incrédulos ojos.

Con la sombra “Freier” de fondo todo acaba por necesidad con ganadores y perdedores. No ser un “Freier” implica que otro lo sea. La única manera de ganar este “juego” es hacer un “Freier” de quien trata contigo.

Y aquí da igual que discutas por si se puede o no fumar en un restaurante en una aldea de Laos o por una flotilla con ayuda humanitaria camino de Gaza: si no eliminas el “componente Freier” de la ecuación, tendrás un Problema.

Personalmente suelo disfrutar muchísimo de mis encuentros con viajeros de Israel; el truco siempre es el mismo: evitar a aquellos que acaban de servir en el ejército, especialmente si viajan en jauría. Ojos que no ven, ensalada de papaya que no se te revuelve en el estómago.