Sobre lesbianas y ‘trannies’ en el norte de Laos
Pasé mi celebración de la victoria alemana ante Argentina en un burdel chino en Laos con dos lesbianas francesas -preciosas- que están haciendo un master en economía internacional en China y en sus vacaciones están viajando por todo el SEA.
Fue Surrealista.
Por un lado la cultura china del local: mujeres en pijama y ‘flip-flops’ bailando hip hop con hombres chinos muy borrachos sonriendo y saludando todo el tiempo.
Por otro, hombres lao intentando encontrar su camino a la embriaguez y numerosos grupos de ‘tímidas’ mujeres lao sentadas observando y comentando. Todo aderezado por algunos ‘break-dancers’, una de las nuevas modas en la región: cultivadores de arroz durantes el día, acróbatas de discoteca por la noche. Una pantalla enorme mostraba en bucle videos soft-porn de bar-girls tailandesas bailando en algún local de BKK. Hace sólo media docena de años la única electricidad en la región provenía de generadores que funcionaban de 18 a 21h.
El burdel suele estar más o menos concurrido en función del precio de la cerveza (en Laos ahora hay al menos tres marcas en dura competencia) y funciona más o menos como un night club. La cerveza es servida al estilo lao (con bastante hielo) y consumida en cadenas de vasos kamikazes enlazados por brindis al grito de “¡ñú!”, siempre una orden para terminar el vaso y que las mujeres presentes lo rellenen de nuevo.
Las estudiantes francesas vestidas á la “Sex in the City” (tops, minifaldas y botas de cow-girls) causaron una pequeña revolución. Fueron un extraño catalizador cuyos efectos no sé si serán pasajeros o permanentes.
El primer impacto llegó cuando empezaron a bailar juntas, de manera muy sexy. La reacción llegó primero por parte de las chinas y luego de algunas lao: imitación. En este país son como esponjas (para lo que quieren). Ver parejas de chicas imitando el baile de las francesas fue entre hilarante y sorprendente por la facilidad con la que muchas cosas “extranjeras” son tomadas como modelo.
Las francesas empezaron a besarse y éso fue increíble. Hombres bajo shock y mujeres con los ojos abiertos como platos. La siguiente reacción no se hizo esperar: los hombres más cercanos intentaron tocar las piernas de las chicas mientras las mujeres se les acercaban para acariciar brazos y pelo.
Besarse en público fue como una invitación a participar. ¿Dónde están las cámaras de video cuando se las necesita?
La reacción de las francesas fue entonces aún más divertida: bloqueo total. La situación las superó totalmente y decidieron irse a su hotel.
Mis amigos lao no entendían que las chicas no estuviesen interesadas en los hombres, ellos fueron los primeros en intentar conseguir su porción de muslamen francés.
Mis amigas lao por el contrario sólo mostraron sorpresa por lo público del evento: la sexualidad en Laos sucede siempre en la intimidad y tras la experiencia de ayer tengo que replantearme muchas asunciones sobre las relaciones entre mujeres. El título de “hermana” que muchas amigas se otorgan unas a otras está ahora en mi punto de mira.
Elemento remarcable: los baños eran 100% chinos. No hay puertas y aguas mayores y menores se hacen en público en un agujero en el suelo con una mangera a modo de bidé y papel higiénico. Cada visita al baño es un espectáculo.
Los ‘trannies’ (travelos, travestis) vietnamitas de hace unos día fueron otra sorpresa.
En Laos, oficialmente, no hay homosexualidad. Los vietnamitas de los que hablo son vendedores ambulantes: chinos, tai y vietnamitas viajan por todo el país montando su propio mercadillo en los mercados nocturnos del país. Una semana por ciudad/pueblo grande.
Suponen una gran revolución con sus ofertas de ropa, gastronomía, productos nacionales respectivos, etc. En el caso vietnamita las películas son un caso de estudio: DVDs rebosantes de estrenos de todo el mundo (5in1) que pueden verse en los cada vez más presentes reproductores multimedia ‘made in China’.
La mayoría de estos vendedores tienen una sexualidad compleja. Muchos se visten y comportan como mujeres, o mejor dicho, como ellos creen que las mujeres se comportan, usualmente una parodia muy sexualizada.
Encontrarlos por sorpresa en un club nocturno (uno de los dos que tenemos) en Laos bailando como strippers (en barras verticales) y emulando relaciones sexuales con gritos y gestos muy exagerados me hizo pensar en que me había teletransportado a algún antro tailandés. Sus vestidos de noche estaban totalmente fuera de lugar en Laos. Sus bailes, mostrando su ropa interior, eran el centro de atención al 100%.
A la hora del toque de queda el local cerró como siempre: a medianoche todo el mundo arranca su moto y bebidísimos se van a casa esperando no terminar en alguna cuneta o campo de arroz.
Muchas cosas están cambiando en Laos a un ritmo vertiginoso. Para bien y para mal.
Mañana me marcho a Tailandia para renovar mi visa y participar en el tercer congreso de Estudios Lao. No en ese orden. Estaré ‘fuera’ un par de semanas conociendo a algunas de las personalidades académicas más freaks del mundo y desarrollando mis redes sociales.
Estoy encantado con cómo van avanzando las cosas.
