En la Comarca, feliz como una lombriz
A veces me olvido de lo que fácil que puede llegar a ser la vida cuando resides en un sitio en el que conoces tanto el idioma -los idiomas- como los códigos culturales.
Más aún.
A veces me olvido cuánto de mí hay en la Comarca. Volver a Casa tiene que ser parecido a recuperar el Anillo Único: de golpe -más o menos- vuelven todas las energías invertidas y relaciones en las que te has volcado durante años.
Estando aquí las montañas de Laos parecen un sueño. Me siento un tanto absurdo contanto mis batallitas surrealistas. Especialmente cuando sé que sin fotos muchas de ellas son inimaginables.
Estando aquí una mezcla de felicidad y melancolía retroactiva me tienen en un estado emocional cuanto menos curioso.
Un bitter kas con aceituna doble, un plato de sugus y una mesita al sol por la que desfila gente que conoces desde hace una vida está en estos momentos en mi top10 de actividades favoritas.
Mi gata empieza a dejar de mirarme mal y de bufarme con rencor.
Necesito que alguien invente el teletransporte o al menos un puente aéreo directo en el que no dependa de Ryan-tetratamoscomoganado-air y conexiones múltiples imposibles cuya consecución parece la trama de un concurso televisivo.
Mola volver a Casa(s).
