De vacunas, sanguijuelas, garrapatas, malaria, dengue y otras conversaciones de sobremesa

8 December, 2010 (14:23) | Xanfarin.com | By Xan

Mi hombro -brazo- derecho está aún convaleciente de los efectos de la vacuna de la encefalitis japonesa. Apenas tengo fiebre ni “malestar general”. Durante un par de días me he sentido como si me hubiesen dando una paliza con calcetines rellenos de arena.

Las vacunas son un invento maravilloso: son un gimnasio de élite para tu sistema inmune.

En mi caso, el año 2010 me está viendo “entrenando” para la Hepatitis A&B, tifus, difteria+tétanos+polio y encefalitis japonesa. Por cuestiones de calendario y nuevas leyes en Alemania me quedo a las puertas de la rabia: me niego a meterme en un vuelo de 13 horas directo a Bangkok con la rabia ‘pululando’ por mi organismo (Dubai de “gaupasa” con seis vacunas en mis hombros fue una curiosa tortura); mi médico no logró a tiempo -necesito un margen de 28 días para las tres  tomas- el Rabipur debido a que en Alemania ahora se reserva para emergencias y casos de alto riesgo (cazadores, veterinarios, etc.).

Los perros son un problema creciente en Asia, especialmente en las zonas rurales. De ser una fuente de proteína han pasado a ser usados masivamente como “protección”. Son perros ridículos -pequeños e histéricos- cuya mayor funcion es ladrar. En el norte de Laos son una epidemia y un peligro cuando vas en moto (duermen en las carreteras), cuando vuelves a casa por la noche (perros locos sueltos…) o cuando haces senderismo. La parte positiva es que los locales no dudan en sacrificarlos en cuanto perciben riesgos de enfermedad o comportamiento asocial. [Nota para turistas: los perros y gatos en Asia no son "mascotas", evitad en lo posible el contacto con ellos. Desde un mordisco a sarna, la lección puede ser dura; y "Barbacoa de perro", aunque hoy en día infrecuente, no es un nombre gracioso para un plato típico].

Cólera y meningitis se salen de mis estadísticas: el norte de Laos es pobre pero víricamente seguro.

La zona en la que vivo en Laos tiene un perfil muy bajo de malaria y dengue (a más altitud/montañas, menos aguas estancadas y menos mosquitos). Con llevar el tratamiento (Malarone, el Lariam no sirve en el norte de Laos/Tailandia) voy servido. La estación “seca” -octubre a marzo- además de un clima muchísimo más llevadero implica que haya muchos menos mosquitos. Las sanguijuelas y las garrapatas son un riesgo añadido.

Un viajero “estándar” (desde turistas en grupo empaquetados con oferta cerrada al aventurero medio lonelyplanesco) con un mínimo de cerebro (el suficiente para protegerse de los mosquitos y las putas) apenas se verá expuesto a ninguna enfermedad. Agua embotellada y comida local (más segura que la occidental que sólo comen los turistas) se encargan del resto.

Laos presenta algunos problemas: los médicos son muy capaces pero no tienen medios. Muchos medicamentos -importados de China y Vietnam- están adulterados y no tienen efectos secundarios… ni primarios (son casi homeopatía).

En caso de enfermedad o accidente serios lo más seguro es desplazarse lo más rápidamente posible a Tailandia: sus hospitales son punteros en muchos aspectos (no sólo en cirugía estética), su personal muy competente y será más fácil comunicarse.

Las vacunas -y las preocupaciones- son sólo importantes para estancias largas en zonas de riesgo. En Asia “riesgo” es un elemento anti-intuitivo: Vientiane, la capital de Laos, es con diferencia el lugar del país en el que es más fácil contraer una enfermedad. La frontera con Camboya es más “sensible” que la China por el tema ciénagas/mosquitos y la confluencia de gentes.

Mientras el efecto de las vacunas pasa (volverá la semana que viene con el ‘recordatorio’ de las de hace seís meses y la segunda dosis de encefalitis japonesa) disfruto de la tensión de saber si podré volar a La Comarca por Navidad: controladores aéreos españoles, pilotos alemanes y el hielo conspiran en mi contra.