Si no preguntas…
no aprenderás, si eres tímido no conseguirás mujeres. Es un viejo dicho lao que encierra verdades como puños.
Llevo casi una semana en Luang Namtha, en el norte de Laos. En estos días ha sucedido un poco de todo. Bueno y malo.
El motivo de este viaje, filmar una ordenación daoista a la que fui invitado el pasado año se consumará finalmente el próximo lunes. La ordenación será doble en dos aspectos: se ordenan dos jóvenes lanten (24 y 12 años respectivamente) e incorpora dos grados: iniciación y “sacerdocio”.La ceremonia durará una semana en la que días y noches estarán repletos de diferentes rituales 24×7.
Lo más cercano a una ordenación de estas características en el mundo occidental es una opera. Una muy compleja, wagneriana, que dure una semana.
Tanto dentro como fuera del recinto especialistas en rituales, participantes e invitados cumplen diferentes roles: día y noche en turnos agotadores, especialmente para los chicos que serán ordenados y el antropólogo que tendrá que filmar todo lo que sanamente pueda.
Esta semana he asistido a “media” ordenación; ha sido una de las experiencias más agotadoras de mi vida. Hubo momentos en los que sentí lástima del pobre novicio. Otras la sentí por mí mismo. La ceremonia busca “destruir” para “contruir”, “morir” para “renacer”. Es un rito de iniciación clásico unido a una introducción a la burocracia mística daoista en la que el iniciado obtiene sus credenciales, sellos, libros etc. para poder comunicarse con ancestros, espíritus dioses. Y por supuesto una nueva identidad como adulto y actor socio-político.
Idealmente todo hombre adulto lanten está iniciado: todos los que yo conozco han pasado por este proceso.
Esta semaname me he hartado de corazones de pollo (reservados para los invitados), de sangre fresca (mezclada con ajo y vinagre y comida a cucharadas de una fuente que se hace circular entre los invitados/participantes) y de whisky de arroz (dos vasos cada vez; los espíritus siempre tienen sed… e ingerir el “espíritu” del whisky es la única forma efectiva de proteger al visitante). Higados, riñones y entrañas variadas han sido la base del menú especial. No hablaré de opio ni de calambres en mis piernas por pasar horas sentado en taburetes diseñados para gente que mide 1,50 y pesa 40kg; tampoco de la épica de las visitas al “baño” (algo usual teniendo en cuenta la dieta) seguido de niños curiosos y cerdos hambrientos, de noche, sin luz, “en la jungla”.
Mis almas -todas ellas- fueron guardadas en el altar hasta ayer; protegidas por los ancestros del clan celebrante. Su protección fue muy efectiva porque sigo aquí a pesar de la dieta, de los puentes suicidas y de haber tenido que conducir mi toyota bebido, de noche y con un clima horrible… en la época por antonomasia de las celebraciones en Laos (mucha gente muy bebida por todos lados).
No volver a conducir nunca más tras un ritual fue una promesa personal para este año: le he roto nada más llegar. Moto, whisky de arroz o cerveza y ceremonias van unidos de forma tal que “los aceptas” o te dedicas a otra cosa. Por otro lado el Sudeste asiático está lleno de tumbas de antropólogos que tuvieron estúpidos accidentes de moto; sólo en mi campo hay dos.
La burocracia para sacar adelante este proyecto ha sido increíble. Estoy entre aturdido y agradecido; sobretodo ahora que todo parece que va a salir bien.
Este mes va a ser muy intenso en lo que a rituales se refiere; si todo avanza según mis planes podré hacer “el hamster” y tendré material suficiente para trabajar en Alemania el resto del año analizando las películas y traduciendo textos de liturgías.
2011 tiene todos los boletos para ser una gran año en muchos aspectos.
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Por cierto, la cámara de video Panasonic nueva (SD60) es un juguete increíble sólo mejorable con baterías que duren más de dos horas de película. Con la memoria de 32GB (=5 horas de HD) y la de 8GB para emergencias (mientras vacío la de 32GB al LaCie Rugged de 2,5″) estoy trabajado sin mayores problemas.
Al final, el ‘starter’ para coches con salidas USB y autonomía de muchas horas no ha sido necesario porque desde hace un mes hay electricidad en el pueblo. Será un buen regalo: durante las interminables horas en los campos de arroz, una batería en la que recargar móviles y reproductores de mp3 es más que bienvenida.
El trípode es inútil con la marabunta de gentes, niños, perros, cosas y la necesidad de moverte constantemente para filmar lo que sucede en cada esquina de la casa; necesito una solución tipo ‘steadycam’ que no me haga parecer aún más estraño. El próximo viaje lo voy a hacer muchísimo más ligero.
