Enamorado de Hong Kong
Resido en Tsim Sha Tsui, Kowloon, en un hostel en el hormiguero plagado de mafias que son las Chungking Mansions. Sinceramente, espero que no haya un incendio porque moriríamos todos como ratas.
Cada noche, cuando vuelvo a casa, una prostituta keniana espera en uno de los pasillos, aprovechando un “ciego” en el sistema de vigilancia, para ofrecer sus servicios. Cada noche siento una pena atroz por ella. Las mañanas se inician con las ofertas habituales de las mafias africanas, hindúes y paquistaníes de rolex, drogas y sexo. Las Chungking Mansions, con sus rascacielos de 17 plantas, son la cloaca cosmopolita más famosa de Hong Kong.
También ofrecen las habitaciones limpias más baratas de la ciudad. Y están cerca de TODO.
Cerca de los muelles para ir a Hong Kong “isla”, o a cualquier otra. Cerca de los trenes para visitar a mis amigos en los rascacielos-cama de ”Los Nuevos Territorios”. A un paseo del mercado nocturno de Temple Street y del Ladies’ market. De la calle del gingseng, de la calle de las nuevas tecnologías a precio de saldo, etc. etc. De Disneyland HK. Vivo a 10′ de la estatua de Bruce Lee, o lo que es lo mismo, de la vista más increíble del skyline nocturno de Hong Kong.
Vivo en una habitación de dos metros y medio cuadros. Literalmente. La mitad es cama, el resto baño-ducha y espacio para abrir la puerta. Aire acondicionado, ventiladores para aportar oxígeno, tele con cable, wifi y tollas limpias cada mañana.
Sólo vuelvo para cambiarme de ropa al mediodía y dormir por la noche. Mi día transcurre entre centros comerciales, puestos callejeros y encuentros con mis amigos locales.
Ayer me regalaron mis primeros “sobres rojos”. Los matrimonios y “jefes” en Hong Kong regalan a familiares, amigos y subordinados solteros dos sobres rojos con dinero dentro. Es un detalle. Los sobres son preciosos: tienen forma de conejo, la solapa son ‘orejas’ (estamos en el año de la liebre :p). Me ha hecho mucha ilusión. Me han hecho sentirme parte de la familia.
Vinieron tras una cena tradicional china en un apartamento en las afueras. Y fueron seguidos de “postre” en un restaurante masivo de calle, rodeados de una banda de mafiosos locales (oficialmente, miembros de las ‘triadas’). Los extranjeros no vienen jamás a esta zona – sólo hay rascacielos dormitorio – y yo era la comidilla del “barrio”. Barrio… cada rascacielos aloja a unas dos o tres mil personas y hay docenas de ellos entorno al “restaurante” (una carpa de circo con cientos de mesas y muchísimos puestos de comida). En unos cientos de metros cuadrados reside una ciudad de tamaño medio española en apartamentos de 30m2 en las que conviven familias enteras.
El alquiler de un apartamento similar (entre 15 y max. 30m2), a medio camino del centro de Kowloon, cuesta unos 800€ al mes. En la isla, el precio se mide en pies…
La sensación de ver a gente a la que aprecio muchísimo tras tantos años es surreal. Mi cerebro fluctúa entre la normalidad y la negación. Todo es muy onírico: hay momentos en los que no sé si estoy dormido o despierto. Ahora mismo me parece que fue ayer, literalmente, cuando me despedí de mi ‘ghost-sister’ y de J en Alemania.
Mi ‘ghost-sister’ es ahora detective criminalista (o algo así) en la comisaría más complicada de la ciudad. Quedar con ella implica cruzar los dedos para que no suceda nada malo mientras esperas a que salga del trabajo. J está preparando una competición de badmington, sigue pintando en sus ratos libres y cocinado tartas. No sé cuando duerme :) La vida en Hong Kong es dura e intensa. La presión social, absurda.
Me quedan unos cuantos días más. He decidido cancelar el viaje a Macao para centrarme en HK y mis amigos. El “yo” que ellos conforman cuando estamos juntos, con todos los recuerdos compartidos, es muy importante para mí.
Ver a los ancianos haciendo tai chi mientras desayuno mi “bao” con un café en un parque público es un gran inicio de día. Los 16º con el sol que deja pasar la eterna nube de contaminación que cubre la ciudad son muy llevaderos, especialmente si los comparo con la gelidez que me espera en Münster…
Éso será en unos días. Hoy, ahora, estoy en Hong Kong.
Carpe diem: Tempus fucking fugit.
