Mr. Nobody y Torschlusspanik
Mr. Nobody es una maravillosa película (7,7 en IMDB) a la que fui recientemente expuesto por una fan de Jared Leto.
Narra, por llamarlo de alguna forma, la vida de Nemo Nobody, el mortal -último- más anciano del mundo, en el presente narrativo de la trama, y protagonista del rompecabezas cuyas piezas constituye esta película.
La película es una joya de la ciencia ficción europea (co-producción dirigida por el belga Jaco van Dormael) que bucea en el maravilloso mundo de los “y si…” y cómo cada decisión transforma -o trastorna- tu vida. Romántica, filosófica, tragicómica.
Me encanta.
Y no sólo porque muchas veces me he encontrado -encuentro- en situaciones en las que una decisión (a, b ó c; actuar -esperar- o no hacerlo; residir aquí, allá… volverte a casa; seguir a tu cerebro o a tu corazón) transforma tu futuro drásticamente. La fotografía es preciosa. La manera de narrar está atendida con mimo minucioso. Los actores y sus personajes despiertan mi empatía (¿quién no ha salido con una psicópata y jodido su vida una temporada o tomado decisiones absurdas que se ha esforzado en llevar a cabo pese a su insano precio vital/emocional?).
Torschlusspanik es un concepto -palabro- alemán traducible por el miedo a que disminuyan las oportunidades a medida que uno envejece. A perderte algo por el sencillo motivo de elegir hacer lo que haces: desde no poder encamarte con las dos universitarias suecas de erasmus que conociste anoche porque te has convertido en un cabal madurito morboso padre de familia, a todas las experiencias místicas que te perdiste por especializarte con una carrera determinada… o las que te estás perdiendo ahora mismo por ejecutar tus decisiones de ayer. Suele atacar con fuerza -en equipo- con las primeras canas, la barriga irreductible, las erecciones inconstantes y la inseguridad sobre si la vida que llevas es la que de verdad deseas llevar… el resto de ésta. Está a caballo entre el ‘pánico’ a estar perdiéndote algo mejor que lo que estás disfrutando -por elegir mal- y la ansiedad de no poder consumar todo lo que anhelas por incapacidad física.
En algunos sujetos provoca paralisis existencial, en otros, insatisfacción crónica (uno de mis mejores amigos teutones es incapaz de disfrutar de sus fiestas por el miedo a no estar “en la correcta” de todas las ofertadas cada noche; hasta el día siguiente, tras interrogar sobre las demás opciones-resultados, no se queda ‘tranquilo’).
La película “supera” este problema por el sencillo método de no disminuir las oportunidades por ‘eliminación’ sino profundizar en las opciones abiertas por éstas y la diversidad vital consecuente. A veces afortunada, a veces catastrófica.
Si tienen la oportunidad (megavideen, no sean vagos) disfruten de la película (si no lo han hecho ya).
Mr. Nobody
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