De burocracias y vivires sin vivir
Las dos semanas que se supone iba a tardar la carta de las condiciones -oficialmente- aceptadas para mi investigación se van a convertir en al menos ocho. Ya llevamos varias de ellas.
La confirmación verbal sólo sirve para tranquilizarme a mí y haber provocado que una de mis colegas abandone su carrera académica: tras tres años trabajando en su proyecto, el “no” ha sido como una bofetada. No es sólo todos los recursos, o el apoyo institucional, que pierdes, mejor dicho, que no consigues: este “no” implica que tu carrera/proyecto no es “valorada” y será casi imposible para ella optar a una “Habilitation” (postgrado/profesor junior) en el futuro.
En mi caso, aún sin contrato, metafóricamente, está siendo como pasar de una carretera regional a una autovia. He recibido una invitación para llevar mi pre-película (la que todavía no he editado) a Heidelberg y presentar el curso de mi investigacion actual (otro ‘paper’ que escribir antes del ‘deadline’ oficial) en Cambridge. En junio participo en un foro para investigadores, presentes y futuros, mostrando cómo mi hago trabajo de campo; cada uno presenta sus maneras, instrumentos y ‘trucos’.
No puedo estar más contento.
El retraso del contrato tiene implicaciones directas: no puedo programar mi futuro a medio y largo plazo hasta que no sepa qué presupuesto va a tener. Y el corto plazo está plagadito de ansiedad y un presupuesto de mierda para una de las primaveras alemanas más soleadas de los últimos años :)
Es increíble lo complicada y lenta que la administración puede llegar a ser. Al menos en mi campo. Los científicos locales que conozco tienen tiempos de espera de tres meses desde que presentan el proyecto a recibir la pasta: más de tres meses esperando y lo mandan todo a la mierda y se van a la privada; o presentan otro proyecto y se van a otra universidad, que jode mucho más.
En mi campo, las esperas administrativas son el filtro más efectivo para sacar a la gente de la profesión.
En fin. Paciencia.
