Adaptación y cambios, cambios y adaptación
Mi PIC -partner in crime- sueca está a punto de tener su segundo hijo.
Hace unos años nuestra máxima ‘preocupación’ era conseguir vodka de calidad barato y no llegar tarde a nuestras clases de tango en Estocolmo.
Un año antes, elegir los cuadros de los enchufes para mi casa -a veces me olvido de que tengo una- me parecía una buena manera de pasar la tarde.
Hace un año, casi exacto, mi médico alemán me diagnosticaba una anemia férrica brutal rodeada de un cuadro clínico de lo más interesante. Hace poco más de un mes mi medica tailandesa me ponía en la lista de espera de una colonoscopia mientras me hablaba de cáncer. Mi probable cáncer. Hace unas semanas mi médico tailandés en un caro hospital privado me hablaba del misterioso mundo de los virus sin catalogar y me daba la enhorabuena: estaba curado.
Hace unos meses esperaba la evaluación por parte de la comunidad académica de un proyecto personal que creé desde cero en el que he estado ocupado durante años. Hace unos meses, menos un día, recibía su valoración positiva, reconocimiento a mi trabajo y fondos, más que generosos, para poder investigar durante varios años más. Un lujo en estos días, especialmente en mi campo.
Hace unas cuantas semanas, la persona con la que compartía -y esperaba poder compartir el resto de- mi vida me decía que me amaba. Hace unas cuantas semanas, menos un día, la misma persona me decía que había dejado de hacerlo y que nuestros caminos se separaban.
Hace unos días caminaba deprimido bajo la lluvia tropical en Kuala Lumpur con mi corazón hecho añicos. Hace unos días caminaba -cojeaba- feliz de la muerte por una soleada playa en Singapur con mis días llenos de adrenalina.
Anoche cené pescado asado acompañado por una bella joven local en un mercado nocturno de flores y verdura en Bangkok mientras charlabamos sobre el siempre interesante mundo de los psicópatas. Sintiéndome muy afortunado por vivir una vida más o menos libre de ellos (comparativamente hablando). Riendo a mandibula batiente la mayor parte del tiempo por las anécdotas escuchadas, a pesar de que algunas hubiesen causado lágrimas en otro contexto. Escuchando una risa cristalina y cálida a cambio de mis propias desventuras que invitaba a todas mis hormonas al abordaje.
La misma persona. Diferentes países. Una montaña rusa de sensaciones.
Los últimos meses de mi vida han sido increíbles. Para bien y para mal. La mayor parte del tiempo me he sentido el protagonista de una teleserie muy mala con un grupo de guionistas ‘low-cost’ faltos de ideas y sobrados de clichés.
Los momentos complicados sirven para que centres tu atención en todas las personas y cosas importantes que estabas obviando. Una vez ‘enfocado’ esos momentos dejan de ser complicados para convertirse en oportunidades. Cómo las aproveches depende sólo de ti.
Sólo se vive una vez. Si lo haces bien, es suficiente.
