Tres meses
Hace tres meses entraba en quirófano en un hospital en el norte del Tailandia.
Hace tres meses y tres días un grupo de extraños me recogía de la cuneta, en una ciudad del norte de Laos, en la que estaba inconsciente tras ser embestido por una “tanqueta” -4×4- china rebosante de testosterona y alcohol. 10 huesos rotos.
La mitad de las costillas siguen rotas. Sigo durmiendo boca arriba porque si me giro en sueños las re-rompo. El hombro está muchísimo mejor y ahora mismo casi todas las molestias devienen del implante de titanio. Mañana por la mañana espero que me den una cita para sacarlo y convertirlo en un adorno de pared.
Tres meses roto. Probablemente cuatro. Más otras seis a ocho semanas para que los seis agujeros de los tornillos del implante se rellenen de hueso tras la operación.
Mi “deporte” se limita a andar bici, nordic walking en máquina y pesas en máquinas donde puedo reposar los brazos (puedo articular biceps y triceps siempre que el peso no recaiga en el hombro). Mi arco, el kajak, los patines, el slackline, la escalada, etc., etc., esperan a la operación. He recuperado mis 80kg “de siempre” y espero sumar un par más en cuanto pueda ponerme a hacer deporte en serio.
Mi vida en MS ha vuelto a la normalidad. La casa está terminada y creo que mañana empezaré la búsqueda activa de compañera de piso. Dividir por dos los costes mensuales costea los vuelos a Asia en Octubre… O compra gafas para todos los ancianos de mi región. O trae electricidad a un poblado. O me compra una moto nueva :) En fin. Es importante llenar el espacio vacío: no me parece sano tener una habitación de la casa dedicada a hacer puzles.
No me hago a tomar mi café de las mañanas a solas tras siete años disfrutándolo en compañía. Y cocinar sólo para mí me parece increíblemente decadente: es una pérdida de tiempo y recursos absurda.
El trabajo avanza: consumo libros y escupo ensayos. Este verano presento mi investigación en Nijmegen/Leiden, Paris y Durham: es el problema de siempre, nadie sabe que existes si no das señales de vida. Heidelberg está en el aire. Los próximos dos años llevan a medias la investigación y la publicitación de resultados. De mi buen hacer -y la crisis- depende que el siguiente contrato -investigación- se encadene.
Mi vida social aumenta progresivamente. Necesito más. Laos me ha “acostumbrado” a estar con gente 24×7 y sentarme con amigos en torno a unas cervezas al finalizar el día. Tengo la sensación de que la gente aquí -primer mundo- cree que va a vivir para siempre :) Cada día es un regalo y hay mucha gente que ni siquiera se molesta en quitarle el envoltorio.
Abril fue un mes de trabajo intenso cuya función primaria fue crear la telaraña en la que poder moverme el resto del verano. Ahora toca disfrutar de las rutinas. Y de las sorpresas.
Mola sentirse en casa. Donde quiera que ésta esté.
