La vida transcurre a un ritmo diferente cuando viajas. No hay rutinas, todo es nuevo, tu mente se vuelve receptiva y está siempre alerta. Si además dispones de cierto magnetismo para los psicópatas, tus viajes se convierten en aventuras y tu existencia en una anécdota continua.
Hamburgo es una ciudad bella, cosmopolita y muy moderna. Su lago le aporta un toque romántico, su puerto de carga un toque industrial, el barrio “gay” le otorga mucho color, la moderna “city” está llena de estilo y cultura, el mercado de pescado es increíble, la zona de casas-almacenes reformados rodeadas de canales consumirá tu memoria SD… El listado de cosas que hacer y ver en Hamburgo está limitado sólo por nuestro tiempo, presupuesto y conocimiento de alemán.
Recomendable especialmente la visita guiada en Segway: Diez freakilómetros y muchísima diversión.
De todo el viaje me quedo con St. Pauli, el barrio macarra de Hamburgo.
1. El Motivo del viaje
La Chica de la Habitación Naranja cumplía años y “había” que celebrarlo = ¡Excursión!
2. El Hotel
El hecho de haber estado alojados en un (literalmente) hotel de putas –en la Reeperbahn, donde “empezaron” los Beatles- aportó cierto dinamismo a nuestras noches. El hotel dispone -en su mini-hall de entrada- de un sistema automático interactivo de alquiler de habitaciones vía pago visa: vas al hotel, usas tu visa en su sistema automatizado de recepción y tienes (si quedan libres) una habitación muy barata y bien situada.
En nuestro caso aceptaron la reserva por teléfono sin importar el nombre ni comprobar luego los datos. Pago al contado al llegar. Entramos y salimos como ninjas: Anonimato total.
Muchas chicas contratan habitaciones los fines de semana y llevan allí a sus clientes. Dado que los baños y duchas de la mitad de las habitaciones son compartidos y algunas profesionales trabajan a destajo, es normal esperar cierto trajín en los pasillos. La ducha de las chicas está bastante transitada. Por decirlo de alguna forma, el hotel tiene “vida”.
Las sábanas y toallas usadas se dejan caer por el hueco de la escalera (dos escaleras, cuatro plantas, sin ascensor) a contenedores colocados estratégicamente en la planta baja. Es normal que a partir de las 19:00 se llenen en apenas unas horas. Es normal ver montones de sábanas y toallas caer a peso mientras bajas por las escaleras. La primera vez impresiona, luego te aseguras de alejarte de la barandilla.
Las habitaciones están ligeramente insonorizadas y se re-pintan las paredes con cierta frecuencia para cubrir el “entusiasmo” de algunos clientes. Además de sábanas limpias, las camas cuentan con protecciones extra para preservar los colchones de la “fajina” diaria. Televisión, armario, un lavabo con calentador de agua incluido y cerradura de seguridad con clave numérica (misma para la habitación, garaje y entrada al hotel) completan el “cuadro”.
Dado que a pesar de habernos confirmado por teléfono el servicio no se nos permitió dejar las mochilas en consigna durante unas horas el último día, no voy a hacerle publicidad al hotel [menuda medida… ya].
3. Las Putas
La prostitución en Alemania es legal desde 1920 y está muy regulada. De hecho, muchísimas chicas ofrecen sus servicios justo en frente de la famosa comisaria de policía de la Reeperbahn, la Davidwache.
Podemos establecer tres tipologías de prostitución en el distrito rojo de Hamburgo:
I. Las putas de calle. Muy jóvenes, belleza subjetiva, con cierto sobre peso, vestidas –en invierno- como si estuviesen en una estación de esquí. Llevan riñoneras con condones y cambios. Son muy activas y persiguen a los hombres por la calle. En caso de lluvia –esto es Alemania…- te acompañan con un paraguas mientras intentan convencerte de sus virtudes.
Generalmente se ofrecen a mostrarte la mercancía para romper el hielo.
La mayoría de los turistas, Erasmus, extranjeros frustrados por no ligar, despedidas de solteros, clubes alemanes de cualquier cosa (bolos, por ejemplo) suelen requerir los servicios de estas chicas como colofón de la fiesta o un suvenir de recuerdo de Hamburgo. Son baratas, amigables y accesibles.
II. Las putas de escaparate. Maduritas treintañeras morbosas, muy operadas –pecho y cara-, muy maquilladas, en ropa más o menos sexy. El sistema funciona como en Ámsterdam: se exhiben en un sillón detrás de un escaparate en la calle Herbertstraße.
La calle Herbertstraße es toda una institución. Está cortada al público desde la época nazi y sólo pueden entrar en ella hombres: Las mujeres –como La Chica de la Habitación Naranja pudo comprobar- tienen terminantemente prohibido el paso bajo riesgo de ataques verbales perpetrados por parishiltons furibundas (si el avance sigue, las chicas de esta calle lanzan condones llenos de agua desde sus ventanas; no creo que usen condones nuevos para esto).
La idea es : Pasear por la calle, contemplar entre 100 y 200 bellezas luciendo encería, escuchar sus llamadas de sirena y discutir servicios y precios (a partir de 100€) a través de las ventanas. En la calle sólo hay hombres –lobos…- y en las ventanas sólo hay chicas –lobas-. La atmósfera es bastante curiosa.
La variedad cubre desde dominas con kit gafapasta y fusta (dando órdenes en alemán…) a pseudo-lolitas con coletas y 95 de pecho. Son, evidentemente, más caras que las que trabajan en la calle. También más profesionales y muchísimo más atractivas.
Como nota curiosa: En esta calle hay una entrada a un pequeño callejón donde se exponen mujeres “fetiche”. En mi caso, pude “deleitarme” con un ingrediente para pesadillas similar físicamente a la Venus de Willendorf, versión lasciva. Había más, pero mi cerebro se ha trepanado a sí mismo para borrar el resto de los recuerdos referidos a ese callejón.
III. El Resto: Call girls/boys, clásicas “escorts”, club-girls… Son “invisibles” y acuden raudos a tu llamada. Puedes elegirlos por catálogo o dar las características deseadas por teléfono. Ningún misterio; funcionan igual en todo el mundo, sólo que aquí es legal y muy profesional.
La Reeperbahn está en clara decadencia –de la mala-. De ser un sitio lúbrico, obscuro, peligroso y corrupto se ha convertido en un mercadillo de saldo lleno de luces de neón, policía, Erasmus borrachísimos, viejos puteros, chulos, camellos, turistas y curiosos. Sin olvidar las visitas guidas para grupos de jubilados que acuden desde la Alemania profunda a deleitarse con el pecado y la carnaza.
Los vales para chupitos y bebidas gratis que ofrecen por la calle compiten con los cócteles de garrafón que sirven en los 24h.
Locales con espectáculos de alto contenido sexual, mugrientos porno-cines, sex-shops cutres y de diseño y restaurantes con ofertas de comida más o menos basura compiten por llamar la atención de ansiosos visitantes interesados en vivir la “experiencia Reeperbahn”.
Evidentemente la visita a Hamburgo, especialmente a St. Pauli, es altamente recomendable. Nadie puede considerarse “cosmopolita” sin haber paseado un par de noches por St. Pauli. Cruzar en las dos direcciones la Herbertstraße es casi un rito de pasaje para los jóvenes alemanes.
Resumiendo: Escápense a Hamburgo y deprávense un poquito, su libido se lo agradecerá.