Desde Shanghai

19 March, 2012 (12:02) | Xanfarin.com | By Xan

Salir de Tailandia fue una epopeya.

Es difícil explicar a la chica nueva que atiende la recepción de tu “hostel familiar” de siempre que los 20baths -50cts- que cuesta que el taxi venga a la puerta te dan igual cuando tienes una clavícula partida y 35 kilos de maletas. Hubiese pagado mucho más si alguien me hubiese ayudado a bajar las maletas desde mi habitación a las 6AM.
Es igualmente difícil creer que el taxi vendrá aunque te lo hayan confirmado tres veces. He residido suficiente tiempo en Tailandia  para esperar que todo salga según lo planeas. El taxi no vino. Evidentemente.

El nuevo taxista decidió batir su propio récord cuando le dije que quería autopista y tenía mucha prisa. Jamás he llegado tan rápido al aeropuerto en Bangkok y es un trayecto que he hecho docenas de veces.

Hong Kong pasó como un suspiro: compras básicas de tecnología. Me quedé con las ganas de un sistema de refrigeración para mi juguete editor de vídeo. Cena 100% local con delicatessen como “caras de pescado” y otras cochinadas. Cosas que generalmente tiro al cubo de la basura cuando yo cocino y mi madre usa para hacer sopa xD xD xD

A mis amigos asiáticos les pone más jugar con la comida que el “contenido” en sí. Además tuve que superar barreras sociológicas basadas en la medicina tradicional china para pedir el menú: en Asia hay un montón de tabús gastronómicos en función de tus enfermedades. Yo soy omnívoro.

Mi vida social se limito a una fiesta absurda en la casa de un niño rico muy freak junto a otros niños y niñas ricos. Clase alta hongkonesa en zona residencial de edicificios de cinco plantas llenos de apartamentos enormes en los que viven individuos. No quiero pensar en el precio del alquiler.
Jugando a päng/páng: disparas con el dedo a alguien (eramos una docena sentado en círculo) mientras dices päng! ó páng! Päng no hace nada más allá de pasar el turno, pang “mata” y las personas a ambos lados del “asesinado” están muertas y tienen que levantar los brazos mientras gritan “uáh!” Cualquier fallo se implica beber un vaso de alcohol. Disparar el techo “mata” a todo el mundo (uáh!) y puedes “suicidarte” una vez (‘matando’ a tus acompañantes). Con el paso del tiempo y las botellas de vino todo cobra sentido. Evidentemente en mi caso me limite a beber té, mucho té.

Es un juego super estúpido. Lo sé. La persona con “peor perfil académico” era un programador de banca. Me lo pasé genial y sólo lo dejé porque me moría de sueño y levantar las manos para hacerme el muerto mientras gritaba “uáh” empezaba a ser muy doloroso :)

Shanghai empieza hoy para mí: ayer me limité a conseguir un taxi que me dejó en la puerta de mi céntrico hostel. Cama de ensueño, edredón nórdico, frío… he pasado 24 horas de reloj en la cama. Dormido muchísimas horas. Sueños absurdos. Me he despertado muchísimas veces (cada vez que intentaba girarme en sueños y las costillas rotas hacían sonar las alarmas) pero he seguido durmiendo. He salido a la calle buscando comida y té con leche.

Soy una persona nueva :)

La clavícula se ha vuelto a romper. El crack fue sonoro -la azafata se puso pálida al escucharlo- y no puedo hacer nada más allá de esperar. En cuanto vuelva a Alemania espero que las placas digan que todo es cuestión de tiempo y no necesita una nueva operación. Me temo que pasar por quirofano será necesario: el hombro duele demasiado para estar bien.

El problema de siempre: reflejos. El bolso de una señora se cayó y me encontré cogiéndolo al vuelo. Demasiado rápido, demasiado alto. Cinco semanas cuidando con cariño de mi hombro para romperlo en un segundo. En fin. Estoy muchísimo mejor, sigo igual de roto pero puedo dormir. Éso lo cambia todo.

Este año todos los planes para tiro con arco se van al trastero xD xD xD

Shanghai…

Esperaba poder escaparme a Beijing con el tren bala un par de días, pero creo que me centraré en explorar los alrededores.

Me encanta Shanghai :)

Aunque molesta bastante que Internet esté tan censurada… y que moverte por las calles implique aplicar la ley de la jungla :)

 

 

 

 

 

 

 

Cinco semanas después

16 March, 2012 (22:52) | Xanfarin.com | By Xan

“Acabo”  (hace unos días) de pasar mi revisión médica en el Bangkok Hopistal, un hospital que puedo recomendar por su profesionalidad y saber hacer.

Mis costillas siguen rotas. Todas ellas. Y van a tardar al menos un mes más en soldarse. Algunas quizá dos porque varias fracturas son muy “feas”. Las placas de pecho y espalda muestran un cuadro tétrico. Parece casi una telaraña por partes. Mi caja torácica ya no es simétrica, digamoslo así :)

El hombro ha sufrido dos post-accidentes: una puerta de ascensor se cerró en mí por sorpresa en el hotel de Vientiane y los ganchos para toallas de una puerta de baño me “atacaron”. Evidentemente la clavícula fue el centro de estas atenciones. Las placas muestran un fragmento de hueso “descolgado” del “rastrillo” de titanio. Demasiado titanio. Mi nuevo médico me ha recomendado quitarlo dentro de entre seis meses y un año, en función del dolor, de cómo suelde la clavícula y de si tengo dinero para ello (en su hospital -provado- la operación costarías varios miles de euros). A ver qué me dicen en Alemania.

Nuevo hueso roto para sumar a la lista: mis problemas al andar estaban vinculados al segundo metatarso del pie derecho. Roto. Se suponía que no podía estar roto porque podía andar…  :) Ahora sólo espero que tras un mes soldándose a su aire mi ‘pisada’ no se resienta y pueda volver a correr sin problemas. Otro mes esperando… mientras cojeo :p

La rehabilitación va a ser muy muy lenta. Tengo nuevos analgésicos que no afectan al hígado pero que tienen mi sentido del equilibrio algo perdido. me limito a uno al empezar el día.

Salir de la cama sigue siendo un espectáculo digno de ver y sigo teniendo que hacer pausas cada dos horas por agotamiento general (la tensión en los músculos de la espalda se hace notar). Dos horas es el periodo máximo que logro dormir de un tirón. Me dedico a encadenarlas en series de tres a lo largo del día. Al meterme en la cama los primeros 15′ se ocupan recolocando huesos en su sitio hasta lograr que la espalda se apoye sin problemas.

Tomo suplementos de calcio. Pero todo va muy lento. Al menos ya no me siento “implosionar” al estornudar y los amagos de tos no generan crisis como hace un mes. Escuchar tus huesos crujir o sentir como se rozan los fragmentos siguen siendo una sensación horrible. El titanio bajo la piel se siente extraño: es como sentir la mano de alguien apretando tu hombro todo el tiempo. Paralizando tu hombro.

Lento. Muy lento. Tengo la sensación de que crucé el Mekong hace años. Y fue hace apenas un mes O_o!

Me siento muy afortunado por cómo han salido las cosas: no hay daños internos ni nada que realmente pueda no considerarse “pasajero”. El dolor es sólo éso: un indicador de que algo no está bien. Puedo vivir con él.  Estoy feliz de estar vivo tras semejante accidente; feliz de haberme “rescatado” a mi mismo en Laos;  feliz al sentir cada día pequeñas mejoras.

Estoy muy motivado, pero muy cansado.

Echo muchísimo de menos mi morfina: todo parecía sencillo cuando estaba colgado hasta las cejas de ella. Todo parecía “factible”. Cada acción que llevo a cabo tiene como precio dolor. Cada error, mega dosis de dolor.  El dolor crónico es muy cansino :) Y la atención necesaria para hacer vida normal siendo un muñeco roto roza niveles absurdos de concentración. 10 huesos rotos… Necesitas controlarlo todo.

Salir a la calle implica tener todos tus sentidos alerta. En Asia, gracias a los cielos, el contacto físico es cuasi nulo. Mi problema son los obesos occidentales e indios. Una plaga con nulo control espacial que te lleva a su paso. Parecen creer que si cabe su nariz pueden hacer pasar el resto.

He acudido a bodas en Laos y fiestas en Tailandia. De la última me tuve que ir cuando el sistema se volvió demasiado complejo para poder anticipar los movimientos de las personas. La paranioa siempre está ahí: un tropezón, una simple caída y tendré un Problema.

Otro mes… lo más difícil ya pasó, dice mi médico. Es una de esas frases absurdas de médico: El dolor sólo existe en presente :p

Tengo unas ganas horribles de meterme en la cama, hacerme un ovillo sobre cualquiera de mis lados y dormir una noche de un tirón. Es curioso qué acabas valorando en la vida :)

Vuelo a Hong Kong en unas horas y mañana domingo cenaré en Shanghai… en diez días estaré camino de la vieja Europa.

 

 

 

 

Tres semanas después

3 March, 2012 (18:43) | Xanfarin.com | By Xan

Se cumplen exáctamente tres semanas de mi accidente de moto. Según hora local: 23:30.

Mi día empezó localizando el sitio donde casi termina mi historia. Ayer me entrevisté con el policia que me interrogó en el hospital. Recuerdo sus palabras: “tienes mucha suerte”. Recuerdo que intenté reir y sentí un montón de huesos rotos en mi interior, moviéndose. Él pidió a la enfermera que no escatimasen recursos conmigo, que tenía seguro alemán y visa oro… me inflaron a morfina, que es lo único que podían hacer por mí. Mi factura en este hospital no supera los 50€. Incluyen alquilar la silla de ruedas estilo MacGyver con la que me moví hasta llegar al hospital en Tailandia y el alquiler de un camión para ir al hospital militar para hacerme las placas del pecho. La atención en Laos es gratuita pero pagas por todo lo demás (antes de una cura vas a comprar lo que usarán para curarte).

El plan de hoy era poner carteles en la zona para encontrar mis gafas… se perdieron durante el accidente. Ofrecía una generosa recompensa :)

Al preguntar por ellas en una casa cercana al punto que me indicó el policia que se ocupó de mí salió a la luz -por fin- el lugar exacto donde ‘aterricé’. Espeluznante. Mi cuerpo se quedó a 50cm de un precipicio de cinco metros que terminaba en una piscifactoria… un lago artificial para la cría de peces. Entre pivotes de hormigón.

La teoría de la colisión con un 4×4 queda confirmada: mi cuerpo recibió todo el impacto desde mi lado izquierdo contra un coche que venía en dirección contraria en una curva cerrada hacía la izquierda y mi lado derecho mordió el polvo varios metros después. Gracias a los cielos me “clavé” en la maleza llena de espinos.

Una vez señalado donde me recogieron fue “fácil” ponerse a buscar (en realidad, peligroso por el riesgo de pisar en falso y caer cinco metros). La esposa de mi hermano Lanten, Len, encontró mis gafas… que están como nuevas. De hecho, eran nuevas xD xD xD Las compré en Chiang Mai, Tailandia, cuando las mías “se suicidaron” en una alberca para peces.

Mis costillas siguen rotas. Anoche me desperté por un dolor absurdamente intenso generado por un intento de girarme en sueños. He retrocedido una semana en el estado de mejoría de las costillas rotas de mi espalda.

La cicatriz del hombro parece una línea roja pintada con rotulador. Cierre perfecto. La placa de titanio es e-nor-me. El inicio sobresale del hueso y se “ve” a simple vista. Voy a tener controles de aeropuerto de lo más divertidos.  La herida -boquete- creada por un fragmento de hueso que decidió hacer turismo se ha cerrado sin problemas.

La atrofia muscular empieza a ser un problema: el hombro duele de no moverlo, pero poco puedo hacer con todas las costillas que lo rodean rotas.

En fin, poco a poco. Mis ánimos siguen igual de positivos que siempre. En estas tres semanas sólo cruzando el Mekong y algunas mañanas al intentar salir de mi cama sin conseguirlo me he dejado llevar por el lado oscuro de la fuerza: negativismo o enfado. Y nunca duraron demasiado.

La ceremonia con los chamanes de hoy ha sido genial. Casi todos acudieron a la cita: los que no, tenían que trabajar en sus campos de arroz.

Espero que durante esta -cuarta- semana terminen de soldar la mayoría de los huesos… o al menos que dejen de doler. El viernes dejo el norte de Laos: termina esta fase de mi trabajo de campo.

No me quiero ir. Lo confieso: soy asquerosamente feliz en Laos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De chamanes y lógica aplastante

29 February, 2012 (19:24) | Xanfarin.com | By Xan

Intentar hacer vida normal con ocho costillas rotas, varias con doble fractura, no es nada fácil.

Tu día comienza saliendo de la cama, en mi caso haciendo palanca con el codo derecho mientras mi mano se aferra al borde del colchón. Agradecido de no depender de nadie para ello. Sentir como tus costillas rotas se mueven dentro de ti no logra hacerse nunca llevadero. Las fracturas en la espalda son las peores al despertar; en el pecho al estornudar; en el costado al toser y al reir; bajo la axila al mover -intentar mover- el brazo izquierdo.

Intento mantener mi energía: el casancio me hace cometer errores, permite automatismos y reflejos. Necesito estar enfocado 24×7 para desde controlar mi tos (gracias a los cielos la bronquitis pasó… ) a sentarme en una silla o vestirme. Encoger los hombros es un tic que te mantiene en una espiral de dolor durante horas… Estornudar me dejó 15′ paralizado por el dolor en mitad de la calle hace dos días. Un sencillo hipo te hace pensar en torturas medievales.

Jamás he tenido que forzar tanto balance en mi vida para poder moverme. Me siento como un ninja cuando curiosamente, desde fuera, parezco un adicto al crack en movimiento. Si alguien ha visto The Fighter, ahora mismo me muevo como Christian Bale/Dicky Eklund. Como un yonkie en fase terminal: las fisuras en el tobillo derecho y en uno de mis dedos del pie no ayudan xD xD xD

Sólo puedo vestir camisas y chaquetas. Adoro las Salomon por no tener cordones que atar.

Mi brazo izquierdo se limita a ir pegado al cuerpo con la mano metida en el bolsilo: no puedo usar cabestrillo de tela porque las costillas rotas de la espalda duelen más que un brazo colgando cuando algo se apoya en ellas.

Algo tan sencillo como es comer me deja agotado; muchas veces tengo que alternar manos para poder terminar mi plato.

Cada noche siento como las fracturas se “recolocan” mientras intento que mi caja torácica se expanda al máximo al tumbarme en la cama. Mi “miedo” ahora mismo es que el lado izquierdo -pulmón incluído- se cierre “en pequeño” o que las costillas de la espalda suelden mal y generen problemas a largo plazo con la columna. Dentro de unas semanas podré saber qué tipo de secuelas genera el implante: por ahora el movimiento es limitado y no puedo levantar mi brazo más de 90°. La rehabilación debería empezar en la quinta o sexta semanas.

Es imposible dormir seguido más de tres horas. Muy difícil hacerlo profundamente: en cuanto me muevo en sueños me despierto. Si el hombro “se enfría” una sensación horrible se transmite hasta los dedos de las mano a través de la médula ósea. Daría un reino por una bolsa de agua caliente o los cojines de huesos de cereza para meter en el micro ondas que tengo en Alemania cuando mi lado izquierdo pierde calor.

Intento no mirarme en el espejo porque parezco un muñeco roto. Asimétrico. La atrofia muscular y la inflamación sobre las fracturas hacen de mí un freak. No hay nadie más para verlo y no voy a sacar fotos. Creo que no estoy tan “esmirriado” desde el instituto.

Mi doctor principal me dejó muy claro que he sobrevivido a este accidente por mis masas muscular y ósea: He tenido muchísima suerte dentro de la lógica del accidente: no hay daños internos.

Los huesos deberían unirse a lo largo de estos días (tercera semana). El dolor disminuir… Tomo suplementos de calcio porque hay mucho hueso que soldar. Comida Lao super sana. Sol… Evito tomar calmantes porque se procesan en el hígado y tras mi año pasado con mi virus misterioso destrozándolo poco a poco, no quiero pasar por otra hepatitis crónica. Desgraciadamente poder dormir depende de ellos en muchos casos.

El dolor es crónico y omnipresente. Añoro muchísimo mi máquina de morfina. Con morfina todo era más fácil. Me arrepiento un poco de haber pedido que me la quitasen tan rápido… pero era la única forma de saber si podría cruzar realmente el Mekong de nuevo. Con calmantes, todo parece muy fácil.

Dentro de diez días tengo revisión en Bangkok: placas de mis huesos rotos, análisis de sangre, etc. Mi seguro las necesita para poder darme el beneplácito para volar de nuevo. Intento no pensar en ello: si las costillas se sueldan en falso habrá que operarlas en Alemania a mi vuelta.

Este sábado mis chamanes organizan una ceremonia para mí. Todos los chamanes del poblado van a tomar parte.

Desgraciadamente en muchos casos una ceremonia es lo único que pueden hacer: la madre de la chica que me alimentó cuando estaba roto y flotando en morfina en el hospital laosiano tiene un tumor: no pueden costearse la operación en China y pedir ayuda a los espíritus es el único consuelo.

Con el dinero de mi operación podría casarme -pagar la dote y la ceremonia- con una belleza local y construir una mansión en mi poblado.

La vida es muy extrema en Laos. Para lo bueno y lo malo. Lo es aún más si eres pobre.

Creo que lo más duro de sobrellevar a mi vuelta va a ser lidiar con la gilipollez y los “problemas” de las sociedades industriales.

Me estoy volviendo Lao y cada día entiendo menos a los “farang”. Los extranjeros estáis locos xD xD xD

 

 

 

 

 

 

 

Historia de una ida y una vuelta

25 February, 2012 (09:06) | Xanfarin.com | By Xan

No apto para madres :)

Me desperté hace casi exáctamente dos semanas, a medianoche, en el hospital local cuando docenas de manos intentaban colocarme en un camastro. Me despertó el dolor: tiraban de mi brazo izquierdo, intentaban levantarme desde los costados…

La policia estaba allí y empezó su interrogatorio. Yo perdí la consciencia al menos dos veces durante éste. Les dí mi móvil y los nombres de mis mejores amigos locales. Localizaron a Tong y él se pudo encargar de todo mientras yo me perdía en los brazos de Morfeo guiado por la primera injección de morfina militar china.

Con el amanecer llegaron las primeras visitas: Phonsak con su humor, haciéndome reir y provocando con ello un dolor difícil de soportar. Los crujidos internos y el dolor agónico auguraban algunas costillas rotas. Tobillo derecho con daños y hombro izquierdo dislocado o roto. Brecha en la cabeza… todo lo demás estaba bien. O al menos como siempre.

Para poder hacer unas placas tuvieron que llevarme al hospital militar. En camión. Una silla de ruedas hecha con una silla de plástico (estilo terraza de bar) acoplada a una vieja silla de ruedas rota se convirtió en mi medio de transporte para las distancias cortas.

Intentar estar erguido para los rayos x de mi caja torácita requirió dos intentos. El primero casi me tumba por el dolor. Es muy complicado estar erguido con la clavícula rota, mejor dicho, fragmentada. Y lo que parecían al menos dos costillas rotas. La tecnología del hospital militar era jurásica: las placas no eran nada claras con respecto a las costillas.

Más morfina militar china: no pudiendo girarme para ponerla en mi trasero pedí que cortaran mi ropa y usaran mis brazos… equivalen al trasero de algunas chicas lao :) Más visitas trayendo agua y comida… que era consumida por las siguientes visitas. Yo evité comer y bebí lo mínimo: pensar en tener que ir al baño me provocaba un pánico atroz. Baño lao: agujero en el suelo, una pesadilla cuando no puedes ni estar sentado en tu camastro.

Al menos 40 personas estaban mirándo el espectaculo que ofrecía mi persona. Estáticos, ojos abiertos como platos, mirándome fijamente. Niños llorando contínuamente (uno por quemaduras masivas), otros accidentados de moto, al menos dos personas agonizando… y la mujer Lanten a la que dí dinero para que acudiese al hospital hace unas semanas: su marido la llevó para que tratasen su pierna. Me alegró verlos allí como “vecinos”. Karma.

Bing, mi amor platónico Lanten, hizo compras de comidas deliciosa en el marcado de la mañana y me alimentó con palillos como si fuese un niño ante la mirada de  los demás pacientes y visitas: sala común con al menos otras diez familias atentiendo a sus enfermos.

Creo que sólo mi madre y Bing me han alimentado de esta forma. Y pocas mujeres me han tratado con tanta ternura. Con Bing me comunico en chino, pinyin en los sms’s absurdos que intercambiamos a diario. Su familia se mudó a Laos desde China hace un par de décadas. Es una ‘salvaje’ -Yao- de las montañas que llegó a Laos con el pelo teñido de rojo escuchando música punk china… Su estatus social, con todo el mundo mirando cómo daba de comer a un extranjero, quedó aparcado durante un tiempo: jamás podré pagarle lo que hizo ese día. Sólo las madres, las esposas y las amantes alimentan a un adulto de esta manera. Nunca en público.

Según las visitas llegaban, llegaba la información: la moto estaba bien, nadie la había robado. Tong la llevó al taller para ser reparada (20€ para cambiar un embellecedor… yo me llevé todo el golpe) Evidentemente había tenido un accidente de moto. A 200 metros de mi casa en la ciudad.

Alguien me había traído al hospital pero nadie sabía quién. El tipo de impacto indicaba una colisión con un 4×4 -por el lado izquierdo de mi cuerpo destrozado- con caída posterior sobre el derecho (por la ropa sucia, mi pie derecho que probablemente había quedado bajo la moto, heridas en la espalda, etc. ).

Según el día transcurría parecía evidente que el médico no iba a venir a visitar hasta el día siguiente. Más morfina para hacerlo llevadero. Más visitas: todo el mundo sabía a estas alturas de mi accidente.

Al anochecer era evidente la necesidad de ir a un hospital de verdad: mi hombro necesitaba cirugía. Volar a Vientiane y luego a Bangkok fue desechada como opción: el día siguiente era lunes, el vuelo podía -probablemente- estar lleno y para confirmarlo habría que esperar hasta las 7AM… y yo no sabía si los daños internos -probables viendo los externos- soportarían un vuelo en un avión de juguete.

La opción B era la más dura: (1) conseguir una de las minivan que llevan a los jugadores de azar profesionales chinos y thai a los casinos para ir a la frontera Thai, cuatro horas por puertos de montaña; (2) cruzar el Mekong en bote con motor;  (3) organizar una ranchera o una ambulancia para llegar al hospital privado de Chiang Rai, en Tailandia, otras tres horas. Diez horas en el mejor de los casos.

Saliendo a las 4AM estaríamos a las 8AM a tiempo de abrir de la frontera. La opción B era la única opción 100% viable (sin pedir un helicóptero de rescate). Logramos desviar a base de dinero una minivan que iba camino de Luang Prabang… y así salí de Luang Namtha: roto, con una apuesta muy arriesgada para llegar al hospital moderno más cercano.

Sólo puedo decir que mientras estaba sentado en mi silla de ruedas, mirando el Mekong, esperando a que mi hermano adoptivo Lanten, Len, consiguiese el bote más estable contratado entero para nosotros para evitar riesgos y balanceos innecesarios, dudé. No me creí capaz de cruzar el Mekong, o mejor dicho: de hacerlo y poder contarlo.

El Mekong parecía el Everest. El viaje en minivan por las montañas del norte de Laos había sido muy duro.

Lo crucé: es la cosa más dolorosa que jamás he hecho. Entré y salí de la canoa por mi propio pie y me dejé caer en la ranchera que esperaba al otro lado. Otro infierno de viaje donde cada curva pronunciada, cada bache, cada baden repercutía en mis huesos rotos…

Llegar al hospital fue como llegar al paraíso.

Nuevas placas -en alta definición- y un médico analizándolas: ochos costillas rotas, algunas por dos sitios. Desde la 2a a la 9a, todas en el lado izquierdo.

Discusión sobre fisura o ruptura de una novena costilla. Pulmón izquiero dañado pero -quizá- no lo suficiente para evitar una anestesia total… con un día de observación y mucha suerte sería factible operar la clavícula en dos días.

Recibí un juguete para ejercitar mi respiración e intentar recuperar el pulmón izquierdo: si el daño iba a mayores sería necesario practicar un drenaje antes de operar. Pocas veces he dedicado tanta pasión a algo tan absurdo como es mover tres bolas de plástico con mi aliento. Durante horas. Con un dolor brutal acompañando cada ejercicio.

Mientras tanto Len me ayudaba en lo que podía: el hospital me ofreció una suite con vistas al amanecer y todas las comodidades por 70€ la noche. En cuanto estuve en mi cama con acceso a más morfina lo mandé a hacer turismo a la ciudad. Estar solo, tras varios días rodeado de gente fue mi primer lujo.

En Asia, tu familia cuida de ti en los hospitales, estando solo se producen absurdas situaciones.

Por ejemplo: que alguien venga a limpiar tu habitación y aleje de tus manos mientras duermes el botón de emergencia y la mesa móvil con tu teléfono y tú tengas otro ataque de tos -bendita bronquitis- durante dos horas y tengas que arrastrarte por la cama hasta conseguir llegar al teléfono (lo mas cercano), llamar al restaurante -probando números al azar- y pedir ayuda… oxigeno para empezar, inhibidores de tos y algo para minimizar el dolor en las costillas que implica toser como si la vida te fuese en ello.

Cada cuatro horas un equipo venía a tomar mis constantes: presión, fiebre, etc. Casi siempre se dejaban las luces dadas por la noche y generalmente encendían el maldito aire acondicionado (cultura thai…). Despertar helado de frio con huesos rotos es una sensación horrible.

Tras varios días hice mi primer pipi, en un orinal de plástico (que ahora tengo como recuerdo). No entenderé nunca la costumbre de dejarlo bajo la cama -una vez vaciado en el baño- de alguien que no puede moverse de la cama. Me tuve que saltar mi primera comida porque no era capaz de levantar la pesada tapa de porcelana en la que venía servida. Bing no estaba para alimentarme y yo seguía teniendo pánico a tener que ir al baño. Comer no era importante. La morfina, por otro lado, era más que bienvenida.

Mi pulmón evolucionó favorablemente a base de ejercicios y buena suerte. El día 15 de febrero entraba en quirófano. Mi primera anestesia total sintiendo el frio letárgico dormir mis miembros mientras una voz femenina me decía en thai ” duerme, duerme…”. Decidí respirar más profundo y dormir. Fue como decidir morir.

La operación duró cuatro horas. Un generoso implante de titanio con cinco ganchos/tornillos fijó los fragmentos de mi clavícula. 12cm de de corte en mi hombro con 9 puntos de sutura para “instalarlo”. Me conectaron a un robot dispensador de morfina con un joystick con el que conseguir dosis según necesidad pero sin riesgo de sobre dosis. Es el juguete más interesante que jamás he tenido.

Entre tanto, tuve que explicar al equipo de enfermeros como usar el ‘slider’ de plástico para moverme entre las camillas… usualmente lo hice yo solo usando la ‘técnica del gusanito’ ante la mirada de todo el equipo que prefería el ’1,2,3 arrastrar mis 82kg’… con mis costillas chocando contra el hierro de las camillas; explicar a cada enfermera que no podía usar mi brazo izquierdo para medir mi tensión porque el hombro estaba roto; sufrir la frustación de tener que vivir con el lado izquierdo “paralizado” mientras el derecho era inutilizado a base de conectarle tubos (suero, morfina, etc.); vivir en una cama en la que necesitaba 30cm extra para mis piernas (tras unos días, vivir con las piernas flexionadas es una tortura). Etc.

Len se volvió a Laos tras la operación, no sin antes traerme a la habitación a la amiguita -prostituta- que había conocido cuando lo mandé a hacer “turismo”. Tuvieron sexo en el sofá contiguo a mi cama mientras yo pulsaba varias veces el botón de la morfina para apagar mi cerebro por un rato: Laos es diferente y somos familia (hermanos adoptivos), dejémoslo así.

Cuando llegué al hospital mi tensión máxima era de 120, en el hospital tuve picos de 190… No era por el dolor. Diferentes culturas :)

Eva, mi colega de profesión, compañera de estudios y de trabajo de campo, vino a cuidarme tras la operación. Todo cambió a mejor exponencialmente desde entonces.

Su mano -tirando de la mia-  fue la que me permitió sentarme en la cama tras la operación. Increíble sensación con mi cabeza “volando”. Al día siguiente estaba caminando con ella como guarda espaldas a mi lado: las drogas hacían de mí un niño grande lanzando sus pies al futuro esperando encontrar suelo. Tres días tras mi operación, con ocho costillas rotas, nos “fugamos” durante unas horas del hospital -caminando- a un centro comercial cercano buscando sushi… A los cinco montaba en tuk-tuk para irnos de excursión por la ciudad. Un hospital sin nada que hacer es una prisión para un hiperactivo.

Durante días mi actividad consistió en “escalar la pared” con mi mano izquierda (imposible hacer más), respirar buscando ampliar mi caja torácica al máximo, hacer pesas con botellas de agua, soplar en la máquina/juguete, practicar tai chi y pasear durante horas.

Aprendí a reirme sin dañar las costillas, a controlar mi tos y a usar la mecánica de mi cuerpo para hacer vida normal (entrar y salir de la cama, recoger cosas del suelo, comer…) sin afectar a los huesos rotos (piernas+balance+palancas/articulaciones como apoyo).

A los diez días de mi accidente recibía el alta médica. Mi primera ducha. Mi primera cama “de verdad”. A los doce volvía a mi vida “normal” pero ahora limitada: nada de motos, chicas locales ni cerveza Lao por unos días.

Hoy hace dos semanas exactas de mi accidente. Hoy estoy en casa de nuevo. Aún roto, pero operativo. La factura en el hospital thai supera los 4.000 euros, lo que es una cantidad absurda en Laos pero ridícula en Europa. Paga mi seguro.

Eva se quedará junto a mí trabajando en la ciudad hasta que volemos juntos a la capital a mediados de marzo. Ella seguirá con su año de trabajo de campo en Laos y yo me iré a Hong Kong, Shanghai, Düsseldorf como estaba programado. Bing vino a abrazarme ayer y a ver sus propios ojos que estoy “hen hao“, bien.

Espero poder volver usar mi moto la semana que viene. Y brindar por ello con cerveza Lao en cuanto pueda dejar la medicación.

En Laos decimos: sé fuerte y vive muchos años. Aquí no hay espacio para los débiles. Mi red social local local me ha mimado y mostrado su afecto de una forma que pocas veces he sentido. Estoy “adoptado”.

Lo que no te mata te hace más fuerte, dicen. No sé si soy más fuerte pero sé que puedo cruzar el Mekong con ocho costillas rotas.

Lo he hecho dos veces.

Muchas gracias por todas las muestras de afecto durante estos días. Por los ofrecimientos de rescate, pacharán y cascos de moto :) Por los sms de apoyo que alegraron mis noches sin morfina, las llamadas que desde la intuición adivinaron que “algo” había pasado… Muchas gracias por estar ahí.