Entender el porqué de muchos de los comportamientos en las montañas de Laos lleva desde a frustaciones a asunciones totalmente post-colonialistas (cuando no supremacistas).
Nada permanece en este mundo: todo tiene un inicio y un final. Casi todo el mundo lo sabe pero poca gente lo comprehende.
Nuestra sociedad -englobo sin rubor a la cultura occidental- nos educa para ‘creer’ que viviremos “para siempre”. De hecho la nueva tendencia es convencernos de que seremos jóvenes siempre. Es casi un timo piramidal que todo el mundo está deseando creer: es la palanca para meterte en créditos de treinta años y jornadas laborales que los esclavos en la antigua Grecia y Roma no tenían que sufrir.
La seguridad de las ciudades, los modernos estándares de vida con paro, jubilaciones, acceso a la cultura y sobre todo los sistemas médicos ayudan a que compremos esas ideas y las hagamos nuestras: ochenta años es una edad a la que mucha gente llega hoy en día. Eres “joven” hasta los 40 y con las operaciones adecuadas lo “pareces” (algunos se lo creen) hasta los 50. Mucha gente no verá un muerto en toda su vida. Nadie morirá en tus brazos.
En el norte de Laos, sólo algunos maestros taoistas alcanzan esas edades. Eres abuelo a los 40.
El potencial de muerte siempre está ahí, la diferencia es dónde localizamos el ahí. Y cómo tratamos la muerte.
En Laos la muerte llega de forma silenciosa mientras duermes -tu espíritu vaga y a veces pierde el camino de vuelta-, en las carreteras o debido a cualquiera de los cientos de miles de enfermedades que puedes contraer en los trópicos. Malaria, dengue, tuberculosis, pulmonías… accidentes de moto. El número de muertes por electrocución ahora que la electricidad ha llegado a los poblados es increíble: monzón e instalaciones caseras son una mezcla peligrosa, especialmente cuando no tienes ni idea de lo que la electricidad es.
El último platero de mi tribu murió electrocutado encendiendo una bombilla al volver a casa empapado por la lluvia. Todo el pueblo aprendió la lección. El mercado de Muang Xing ardió porque nadie comprendió que no puedes enchufar tropecientos mil artilugios en el mismo enchufe… que hay un límite de carga. Que no puedes tener basura en lugares donde puede saltar una chispa.
He perdido la cuenta de los funerales que he atendido ya. Intento no mirar las marcas de spray rojo en las carreteras -y hay sólo dos- que la policia traza cuando hay un accidente. Todos los días hay accidentes. Han bajado la velocidad a 30/40km y van a duplicar el ancho de vía: hay demasiados muertos.
Vivo rodeado de muerte. Aquí es una certeza. Las vidas son breves y se viven con intensidad. Cada día cuenta. Cada amanecer es un reto. Cada noche una apuesta. La gente se levanta con el sol porque tienen una hambre de vida insaciable: duermes lo mínimo para vivir lo máximo.
La gente trabaja de una forma increíble porque no hay paro ni jubilación ni seguros médicos. Tus compras no tienen garantía. De sol a sol. Todos los días de la semana. Sólo algunos tienen acceso a los bancos con sus créditos mágicos (y draconianos). Una enfermedad o un accidente pueden arruinar a una familia (clan al completo).
Pagar la operación de un hijo condenó a uno de mis chamanes a vivir en una chabola durante 10 años al tener que vender la madera con la que iba a construir la casa para cubrir los gastos. Todavía hoy tienen deudas.
Mucha gente prefiere perder movilidad de una pierna, un brazo o una mano a arriesgarse a hacer pasar hambre a su familia. El año pasado las lluvias arruinaron el tratamiento tradicional de los campos (hogueras, abono orgánico de búfalo, etc.) y como resultado este año las celebraciones se han reducido a la mínima en año nuevo… nadie pasa hambre pero no sobraba comida para dilapidar en rituales. Los ancestros y los espíritus lo entienden.
Todos -absolutamente todos- mis amigos han tenido al menos un accidente de moto. Todos los hombres de mi entorno tienen una cicatriz que da mucho respeto o un hueso roto que casi nunca suelda bien. Desde por volver borrachos a casa en moto por la noche a sencillamente cruzarse con un búfalo libre en la carretera (me ha pasado ya varias veces).
La gente baja de las montañas, se sube a motos de cuatro marchas que alcanzan los 140/160 km y se lanzan a correr por las carreteras sin realmente entender qué significa conducir. Los niños van al colegio en moto y es increíble las cosas que una ‘vespa’ puede cargar cuando no tienes otro medio de transporte: desde neveras a cantidades absurdas de leña. O niños.
Hoy puede ser tu último día. Tu última fiesta. El último beso que recibes de tu mia noi o de tu fan mai, de tu “esposa pequeña” o tu “nueva amiga”.
En Laos siempre bebes una cerveza para el camino cuando te despides de tus amigos: para que no lo olvides. Nadie rechaza esa “última cerveza” por tradición y sobre todo porque podría ser la última.
Todo cobra sentido cuando entiendes que la gente sabe que el largo plazo existe… pero no terminan de creérselo. Es exáctamente lo contrario a lo que sucede en Europa. Entonces entiendes porqué queman sus junglas. Porqué no dedican tiempo a mejorar sus casas. Porqué no dedican tiempo a mejorar la situación de su “futuro yo”, ése desconocido que no están seguros de llegar a conocer.
Es difícil crear planes de desarrollo en un país tan centrado en el hoy y en el yo (entendido como clan).
Mis amigos guías trabajan doce horas seguidas y se gastan los 15 dólares que ganan la misma noche tras una ducha: cerveza y mujeres. Mañana será otro día. Sus arrozales y animales les aseguran la comida todo el año.
Hay pocos emprendedores en Luang Namtha. Casi todos dejaron sus familias y poblados de niños y tienen la influencia exterior: el “tempo” de China, de Vietnam, de Rusia, de la capital…
Muchos pertenecen a etnias chinas (no-Han) migradas durante los últimos siglos a Laos, como los Phu Noi o los Hmong, con mentalidades originarias de otras culturas.
Los besos de ayer carecen de sabor y sólo tiene sentido pensar en ellos si vienen de la mano de una nueva promesa para hoy. El arroz que comiste ayer no te dará fuerza para trabajar hoy, dicen en Laos.
Carpe diem, tempus fucking fugit.
He encontrado en Laos muchas de las cosas que he estado buscando toda mi vida.
El truco final, ahora mismo, consistirá en poder hacer malabares con el futuro y tenerlo todo: lo mejor de cada mundo.
Durante tanto tiempo como sea posible :)