Llegada a los jardines botánicos del Palacio de Münster, en cuyo restaurante se celebró la cena.
Atmósfera setentera a la que contribuyó que casi todo el mundo acudió mejor o peor disfrazado. Fuerte sabor “británico”: el trasfondo de la historia eran los lios internos de una familia noble inglesa llena de lores, ladies y sires. Y el clásico “servicio” con mayordomo sarcástico.
La entrada, al más puro estilo jet-set de candelabro se hizo vía lista de invitados y cola de espera en la que poder comparar tu ropa con la de los demás participantes (unos 100).
Presentación de los personajes principales y elección in situ de los invitados con “papel” en la obra. Para nuestra suerte y desgracia el padre de Bettina, la Chica de la Habitación Naranja, fue elegido nada más llegar -lógico, por otra parte- como el notario que atesoraba el testamento y últimas voluntades del difunto amo y señor del palacio…
La cena, dentro de la propia historia, era un evento familiar a la que todo el clan (los invitados) habíamos acudido para escuchar la lectura del testamento… Nosotros eramos la parte “notarial” -Bettina actúo como hábil secretaria-.
Otros invitados tenían (desde el principio) o tuvieron (”voluntarios” o elegidos sobre la marcha…) otros roles a lo largo de la velada.
Una vez empezada la velada con la presentación de las cenizas del difunto, la salutación familiar y la introducción al más puro estilo de cabaret de los personajes -actores- principales empezó la cena…
El aperitivo, para mi disfrute personal, consistió en una decadente copa de absenta acompañada de la pertinente cucharilla, azúcar y cajetilla de fósforos. Curioso ver a 100 personas llevando a cabo el ritual “estándar” de consumo de absenta.
Dos platos llenos de eventos y un asesinato. Pistas e informaciones que los personajes/actores iban desgranando gracias a los diálogos inteligentemente encandenados.
Dos pausas para ir a baños, fumar o deliberar entre los platos. Retirada del nuevo “cadáver” que pertenecía -evidentemente- al heredero directo, acusaciones entre la siguiente línea de herederos y llegada del investigador…
Apagones, ambiente de tormenta para emplear rayos en las escenas o diálogos cumbre (pese al sofocante calor)… todo muy melodramático.
Con los postres recibimos tarjetas con un formulario donde escribir nuestros datos, nuestro “acusado”, el “motivo”, y el “castigo”.
Tras los postres, los actores eligieron entre los acertantes al ganador así como una selección de las mejores “ocurrencias”.
Me quedo con el que ofreció como castigo quedarse a esposa para siempre y el un descarado que escribió su número de móvil y una invitación para cenar para una de las actrices…
El asesino, evidentemente , fue el mayordomo.
La cena tuvo claroscuros.
El menú, al más puro estilo alemán no incluía bebida: El vino, carísimo, brillo por su bonita etiqueta y pésima calidad. Los platos dejaron mucho que desear en lo referente a cantidades y calidad. Al precio de la cena, podrían haberse esmerado un poquito más.
Los actores brillantes y la historia muy “Oscar Wilde” (lo que siempre es bueno).
La gente me sorprendió por su (1) ropa y su (2) entrega. Había desde putillas a mafiosas pasando por una amplia variación de gente más o menos gris o freak. El hecho de que hubiese un premio para los mejor vestidos -nobleza, años sesenta- contribuyó bastante.
Me lo pasé genial, mi cuello dolió un horror por todos los movimientos necesarios para seguir a los actores/historia a lo largo y ancho del enorme salón de banquetes.
El que uno de “nosotros” fuese participante “activo” libró al resto -no a Bettina- de mayores traumas públicos.
Fue justo lo que necesitaba después de mi examen: tranquilidad, humor inteligente y desconectar parte de mi cerebro. Dado que todo “sucedió” en alemán -con comentarios y brindis por la reina en inglés…- necesité el resto del cerebro funcionando al 120% para seguir la historia.
Este verano está siendo de lo más freak.
Mola.
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p.d.: también se organizan cenas con historia-estética barroca, vampírica, mafiosa, de cuento de hadas… si logramos olvidar la mala calidad del menú, quizás repitamos.