Duisburg y Legoland

Posted in xanfarin.com on July 31st, 2008 by Xan

Duisburg es una de las ciudades alemanas sobre las que peores comentarios he escuchado. Casi todos estaban basados en prejuicios o en el pasado (un pasado industrial muy gris).

No voy a decir que “me encanta”, pero puedo afirmar que “tiene encanto”.

Por un lado es “una ciudad más” de Renania del Norte-Westfalia: Centro cerrado al tráfico lleno de las mismas franquicias de ropa, comida rápida, droguerías y las omnipresentes tiendas de “Todo a Pocos €”. Plus muchas y preciosas iglesias y edificios reconstruidos tras la IIGM siguiendo -más o menos- los diseños originales.Más nuevos edificios de cristal y acero construidos sobre feos edificios grises de cemento de la vieja y decadente era industrial basada en el carbón y el acero.
Por otro… es “otro mini clon” de Hamburgo. Lo cual es bueno. Casi todas las ciudades con puerto fluvial o canal han “copiado” su proceso de modernización y convertido sus económica y socialmente desarboladas zonas portuarias en ejemplos de arquitectura moderna, una oda a los almacenes de ladrillo rojo rodeados de canales de transporte, más o menos minimalista con lofts para los nuevos ricos, oficinas para los que quieren parecer ricos y restaurantes de diseño con variadas e internacionales ofertas de menús y cocktails para los visitantes.

Duisburg se ha “redefinido” y como seña de identidad -entre otras- presume de su “Legoland Discovery Centre“.

Si preguntas en la oficina de turismo del “centro” qué puedes hacer en la ciudad si sólo vas para unas horas te mandarán al “nuevo puerto” que es como el viejo pero “rediseñado”, más limpio y con museos y un “Legoland”.

Legoland” franquicia parque-temática de la firma danesa LEGO es un éxito mundial (si te gusta LEGO… vista la preciosa ciudad bávara de Günzburg, vas a “fliparlo“) único en su género.

El “discovery centre” de Duisburg merece ya la pena sólo por ver a los “enanos” convertirse en una marabunta berserker constructura de ‘lego-absurdos’. Más aún si compites con ellos…

Hay talleres para especializarse en kits específicos (Drachenburg!) y este año, como no, está el “Indiana Jones Adventure Trail”.
Cierra las 18:00 así que es mejor ir a primera hora por si hay demasiado “entusiasmo” o se quiere acabar algún proyecto empezado.

Sumado a Duisburg está el “encanto” de poder conducir por autovías alemanas sin límite de velocidad. El límite lo ponen tu coche, tus ganas de pagar por Benzin al precio actual del petróleo… y tus reflejos.

Hoy “tocaba” Diusburg porque vía eBay he comprado muebles de cocina a un “freak” del “hacking-ikea” (o cómo redifinir el diseño Ikea sin seguir sus manuales). El semestre se acabó y es época de mudanzas y de subastas.

Las casas en Alemania se suelen alquilar generalmente vacías: Subastar tus pertenencias “no portátiles” por Internet y que la gente venga a limpiarte la casa de muebles que no vas a necesitar más -a la vez que recuperas tu inversión inicial- es “lo normal”.
Hoy tocaba comprar. Mañana tocará vender.

Para el recuerdo queda un precioso día de excursión. Y un tercer piso sin ascensor. Y mucho peso.

Flaschenpost - Mensajes en botella

Posted in xanfarin.com on July 29th, 2008 by Xan

A pesar de su limpieza (mucho más limpios que cualquier rio) los canales de transporte de mercancías alemanes suelen tener botellas flotando. Lo normal son botellas -de cerveza- vacías invertidas mecidas por las olas que causan las barcazas de carga.

A veces son mensajes en botella, toda una institución.

Hay varios records mundiales protagonizados por mensajes en botella.

- La mayor distancia recorrida la hizo una botella de vino con mensaje enviada desde Sieg (Alemania), que, vía Rin mar y océano, acabo llegando a Falmouth (Maine, USA).

- Otro mensaje se paso desde 1903, fecha en la que una expedición alemana al Polo Sur lo echó al mar en Tasmania, hasta 1955, que fue encontrado en Nueva Zelanda, dando tumbos por el mar.

Uno de los oficios más absurdos del mundo tiene que ver con estos mensajes: “Descorchador oficial de Botellas  Oceánicas”.
Oficio auspiciado en el siglo XVI por la reina Isabel I de Inglaterra que impuso pena de muerte a todo aquél desventurado que abriese sin la oportuna licencia real los mensajes secretos sobre posiciones enemigas que eran enviados a través de este curioso método desde sus barcos en alta mar.

Muy recomendable: The twelve million dollar note: Strange but true tales of messages found in seagoing bottles. T. Nelson; 1st ed, pp. 55–56. Kraske, Robert (1977).

Todo esto viene a que he encontrado un mensaje embotellado flotando en solitario en el canal.
Lo mandan dos niñas/chicas (evidementemente alemanas) de once años llamadas Stella y Fine.

Consta de un mensaje genérico escrito con colorines y mucho esmero que deja muy claro que la botella no es “basura” sino un “mensaje en botella oficial”.
A continuación explica -legible a traves del plástico- lo que espera de quien recoja la botella… puede dejarla sin más en el agua y permitir que siga su curso o puede abrirla y leer el mensaje interior cerrado con lacre (originalmente, luego con una goma)  y pasar a formar parte de la historia de esta botella (y luego dejarla en el mismo u otro canal, rio o mar…).

La Chica de la Habitación Naranja dice que con estas cosas no se “juega”. Si vas a abrirla, dijo,  hazlo con todas las consecuencias. Los mensajes en botella son como las rosas y los zorros domesticados: Implican responsabilidad. (No hace falta ser un genio para intuir quién mandó en su momento al menos un mensaje embotellado).

[ Intentaré no pensar en que dos niñas han puestos sus nombres y direcciones en un papel que cualquier persona puede encontrar. Al fin y al cabo vivo en el país de Caperucita Roja. ]

Stella y Fine esperan encontrar gracias a su botella “amigos por correspondencia”: Todos aquellos dentro de un abanico de edades comprendidas entre 10 y 45 años -y que hayan encontrado su mensaje- son libres de escribirles. Prometen responder a todas las cartas que les lleguen.

Espero sinceramente que su botella dé muchos tumbos, llegue muy lejos y les permita encontrarse con gente interesante.

En su momento -siempre hay un momento para estas cosas- usé los buzones de las cimas de algunas montañas para hacer lo mismo: Subías a la cima, dejabas uno o dos sobres con sellos y tu dirección y esperabas pacientemente respuesta.

En Estocolomo, desde uno de los cientos de puentes que comunican sus islas, es posible lanzar al agua mensajes en botellas desde un buzón construido con tal efecto: El “fondo” consiste en un tubo rojo de plástico de un par de metros de longitud que dirige las botellas a la corriente. Lo usé en su momento.

En cierta forma, Xanfarin.com es un mensaje en una botella.

Y aquí estamos: Yo lancé la botella y por un motivo u otro, tú la has abierto y estás leyendo mi mensaje.

Evidentemente yo no pondré nunca la dirección de mi casa: En Internet, al igual que en las aguas profundas de las viejas cartas marinas o los mapas de piratas, hay monstruos.
Pero hay un formulario -que si el filtro anti-spam no hiperactúa-genera retroalimentación. A diferencia de Stela y Fine no lo prometo, pero suelo responder.

Última semana en La Habitación Azul

Posted in xanfarin.com on July 28th, 2008 by Xan

Aún no sé como llamar a la nueva casa. ¿La Casa Con Enorme Balcón? Será mi cuarta residencia en Alemania.

Las cosas avanzan pero están consumiendo una cantidad increíble de energía, recursos, tiempo y paciencia.

Consejo: Jamás, jamás, jamás intentes organizar algún evento vital personal complicado (como la renovación de tu casa o tu mudanza) cuando uno o más alemanes (con los que pretendas seguir después en “armonía”) tengan que formar parte activa del proceso. Todo, absolutamente todo, se convertirá en (1) trabajo ó (2) problemas [usualmente ambos].

Si son jubilados -como mi ‘casero’- tendrán su “sistema” de hacer las cosas y mucho tiempo libre.
En su caso “todo” se puede arreglar con trozos de papel granulado para decorar, pegamento y capas de pintura. Las ventanas de aluminio, especialmente las alemanas instaladas en los años 60′, son místicas y precisan de adoración diaria. Aunque no seas creyente, en esta variación pagana de algún ancestral culto local, debes inclinarte y murmurar gracias al “Hacedor de Ventanas y a su Peón Ayudante Técnico Instalador de Categoría III”.
El factor tiempo es terrible: Tiene todo el día libre para idear en cómo “ayudarte” y mejorar tu “experiencia de usuario/inquilino”.

La sensación al encontrar huellas negras de dedazos grasientos de “alguien” (evidentemente, él) en tus paredes tras gastarte más de 100€ en pintura blanca y pasarte una semana pintando tu piso es indescriptible. El que se haya dedicado a “engrasar” las bisagras de las puertas  aprovechando que se van a pintar los marcos (¿?) te importa poco cuando tienes que (1) localizar y (2) volver a pasar el rodillo de pintura por su múltiple y casualmente desparramada “ayuda”.

Tienden a ser muy activos sobre las 6AM y es fácil librarse de ellos tras las 18:00 -o a la hora de la siesta. Los días alemanes en mi región duran ahora unas 20 horas: Se puede ajustar el biorritmo y la jornada de trabajo para no coincidir con ellos.

Si son de mediana edad -caso del padre de la Chica de la Habitación Naranja”- tendrán su “sistema” y poco tiempo.
Generalmente querrán hacerlo todo de la misma forma que han hecho todo en los últimos cuarenta años; da igual los resultados o si las situaciones son extrapolables. El dinero -su dinero- se supone lo soluciona todo y su ayuda, consejos y regalos han de ser aceptados -y venerados- sin rechistar bajo pena de ofensa capital.

El factor tiempo es terrible: Trabajan -oh! Ellos- y quieren hacerlo todo al salir de Su Trabajo -da igual a qué te dediques tú y cuáles sean tus planes-. En su defecto quieren quedar en tu casa los sábados por la mañana a las 8AM.

Lo hacen todo en coche: Nada de andar ni de usar bicicletas. Da igual la distacia a recorrer o el objetivo del desplazamiento. Esperan loas y genuflexiones ante la rapidez de sus cuatro ruedas y a la eficacia de su “sistema” (tienen un  sistema hasta para establecer recorridos con carrito en los almacenes de material de construcción… [véase ‘Meet the Parents’ (2000)/ Jack Byrnes]

Una de las muchas cosas malas que tienen los regalos en general es que te ponen en situación de “débito”.
Recibir un regalo es como contraer una deuda… Hay que controlar quién te regala qué y qué consecuencias tendrá. Dependiendo de la situación pueden ser desde un soborno a un anzuelo. La gente no regala altruísticamente: Los regalos son un ejercicio de contrucción de la propia identidad y una manera baratísima de generar estatus, distancia y jerarquía social. Los machos alfa disfrutan enormemente estas oportunidades para exhibir su “pecho”, “plumaje” u “órganos reproductores”.

Otra de las cosas malas de los regalos es que implícitamente imponen la cosmovisión sobre la vida -y tu persona- que el “regalador” tiene. Repito: La gente no regala altruisticamente. Los regalos son una herramienta de poder para imponerte un modelo social y económico (y si te descuidas religioso); una forma de colar “algo extraño” en tu realidad y dejarlo ahí enquistado, acechante. Desde un florero horrible, favores o servicios a la basura acumulada en el desván del “regalador” que hace 30 años quizá fuese el ‘no va más’ pero que hoy en día es Basura sin ni siquiera el encanto de lo “retro”.

La cortesía y la encrucijada social (miedo a usar un violento “No”…) son el resquicio que los regalos usan para colarse en tu vida. Témelos o corre el riesgo de verte rodeado de cosas que no te gustan, no necesitas y no puedes quemar.
Ten la seguridad de que siempre, siempre, siempre los “regalos” se acaban pagando. A veces muy caros. Ningún regalo es lo que parece. Palabra de antropólogo.
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Que conste que creo que los regalos son un mecanismo maravilloso para construir y reforzar relaciones a corto, medio y largo plazo. Y que estar en deuda -o lo contrario- puede ser una forma muy satisfactoria de relación. Todo depende de con quién y de cuándo y cómo se espere la retribución…
En mi caso es evidente que estos regalos no requeridos -y complicados de rechazar- tomarán forma de servidumbre y/o la obligación de participar en rituales familiares. Una cosa es ayudar de forma puntual a alguien y/o “apuntarte” a una celebración X y otra que no te quede más remedio porque alguien te ha “comprado”.
En caso de chantaje emocional: Se rudo. Un cierto aura de asociabilidad es más efectivo a medio y largo plazo para tu plácida digestión que las mejores sales de fruta.
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Si son jóvenes -caso de mis amigos- carecen de “sistemas” y su tiempo libre está sincronizado con el factor clima, especialmente ahora que la tendencia es pasar el verano en otro continente si no se quiere parecer un “palurdo”.

Usualmente lo dedican a trabajar, estudiar, beber cerveza, ver la tele y otras cosas absurdas que hacen los jóvenes de hoy en día. Si no avisas con una semana de antelación -la “etiqueta” dice que un mes- será demasiado tarde y tendrán otros planes (o al menos una excusa más o menos válida).

En estos días los que no están escribiendo sus tesis están trabajando a destajo para pagarse sus vacaciones a la conchinchina -literalmente- o disfrutando de ellas.
Gracias a la crisis y a algunos dioses menores queda la suficiente mano de obra no especializada para llevar a cabo la mudanza sin sobresaltos.

Hoy se termina todo lo que tiene que ver con “pintura” y se inicia la fase “moqueta”.
Mañana llega la fase “taladro” (con corolario de muebles y lámparas). Y pasado mañana la fase “limpieza general pre-mudanza”.

La fase “sacrificio de vírgenes teutonas” / “fiesta de inauguración” se pospone hasta tener las camas montadas y una nevera operativa (o en su defecto el plato de la ducha lleno de cubitos de hielo).

Es curioso que mi potencial de felicidad diario dependa de (1) el clima y (2) de no tropezarme con ningúno de los ‘machos alfa’ que invaden mi vida ultimamente con el fin de hacerme favores/regalos.

A veces, en momentos de desesperación cuántica, envidio a esos afortunados que sólo han vivido en una o dos casas y su concepto de mudanza se limita a cambiar sus cosas de habitación según hermanos mayores/padres han ido abandonando -siendo expulsados- el hogar ancestral.

Gracias a los cielos éste no es uno de esos momentos: Vivo a 300 metros del Canal, son las 6:30AM y ya brilla el sol con fuerza. Tengo un kayak precioso y apenas queda nada que pintar en mi nueva casa.

En cuanto termine con mis “deberes” hay un lago con una isla en el medio que me está llamando “a gritos”.